Investiga, que no es poco

¿Existe relación entre la flora intestinal y el comportamiento?

En los últimos tiempos, un gran número de trabajos científicos están mostrando la importancia que tiene, desde distintos puntos de vista, la comunidad microbiana que todos y cada uno de nosotros albergamos en nuestro interior. Somos auténticos ecosistemas bípedos móviles: se calcula que en nuestro organismo habitan unos 39 billones de bacterias, y un buen número de ellas, sobre todo las localizadas en el tracto intestinal, juegan un papel muy relevante en nuestra salud (estudio). Muchas de estas bacterias son incluso propias de cada hogar y “acompañan” a sus familias huéspedes allá donde éstas se muden (estudio).

Un estudio publicado recientemente en la revista Psychosomatic Medicine va un paso más allá y sugiere que las bacterias que habitan en nuestro cuerpo pueden afectar a nuestro humor. Este estudio, liderado por investigadores de la Universidad de Los Ángeles-California en colaboración con otros científicos daneses y franceses, ha demostrado que la presencia de ciertos grupos de microbios intestinales está relacionada con las características de regiones del cerebro asociadas con el humor y el comportamiento general. Y, aunque los estudios realizados previamente habían encontrado que las respuestas emocionales en ratones varían dependiendo del contenido de su flora intestinal (incluyendo aquellas relacionadas con la ansiedad y la depresión), hasta ahora, el vínculo con las emociones no había sido observado en humanos sanos.

Imagen tomada de The Journal of Neuroscience, publicada por Mayer y col. 2014.

Para llevar a cabo este trabajo, los investigadores han recogido material fecal de 40 mujeres diferentes. Por un lado, se ha llevado a cabo la elaboración del perfil genético de estas muestras, y por otro, el conjunto de mujeres involucradas en el experimento ha sido sometido a imágenes de escáner por resonancia magnética al mismo tiempo que se les han mostrado escenas de individuos, ambientes, situaciones y objetos diseñados para provocar respuestas emocionales. Los investigadores han detectado 2 grupos principales de bacterias que parecen tener algún efecto sobre la constitución del cerebro. El primero, integrado por las Prevotella, ha sido hallado de manera más abundante en 7 de las 40 mujeres. Los cerebros de estas participantes muestran una mayor conectividad entre regiones del cerebro asociadas con los sentidos, la atención y las emociones, y tienen un hipocampo más pequeño y menos activo. Recordemos que esta es la región del cerebro relacionada con la regulación emocional, la consciencia y la consolidación de los recuerdos a corto plazo en otros a largo plazo. Estas mujeres, al observar imágenes desagradables, parecen experimentar emociones profundamente negativas, incluyendo aquellas relacionadas con la depresión y ansiedad. El segundo grupo de bacterias, las Bacteroides, han sido halladas de forma más abundante en las otras 33 mujeres y, consecuentemente, éstas parecen tener un tipo diferente de cerebro. El córtex frontal y la ínsula -regiones del cerebro conectadas con la solución de problemas y el procesamiento de información compleja- de este grupo de mujeres tienen más materia gris que los del otro grupo de mujeres. Sus hipocampos son también más voluminosos y activos. Estas mujeres, al contrario que aquellas en las que predomina Prevotella, tienen menos probabilidad de experimentar emociones negativas cuando se les muestran imágenes desagradables.

Sin duda, se trata de una investigación fascinante. No obstante, como suele ser habitual en este tipo de estudios, aunque se constata que existe una fuerte correlación entre cognición y microbioma, se desconocen los mecanismos concretos que causan estas respuestas. En cualquier caso, la idea de que ciertas bacterias intestinales no solo influyen en los procesos relacionados con los pensamientos, sino también en la estructura física del propio cerebro, nos parece sencillamente alucinante. Desde luego, si por un lado la dieta ha jugado un papel clave en el desarrollo del cerebro desde un punto de vista evolutivo (estudio), y por otro lado la eficacia de la ingesta de alimentos, en términos nutritivos, depende en gran medida de las comunidades microbianas del sistema digestivo (estudio), parece que, al menos como hipótesis, la relación entre cerebro -y por tanto emociones, pensamientos, etc.- y flora intestinal que proponen estos investigadores es perfectamente plausible. ¿Y si somos lo que somos gracias, entre otras cosas, a la carrera evolutiva de tipo mutualista que hemos establecido a lo largo de la historia con el microbioma de nuestro sistema digestivo?

 

Referencia completa:

Brain structure and response to emotional stimuli as related to gut microbial profiles in healthy women (Tillisch et al. 2017; Psychosomatic Medicine 230: 40-45;  http://journals.lww.com/psychosomaticmedicine/Abstract/publishahead/Brain_structure_and_response_to_emotional_stimuli.98803.aspx).

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