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“Perro no come perro”: los carroñeros evitan comer cadáveres de especies carnívoras

Nuestro amigo Marcos Moleón Paiz (Investigador Ramón y Cajal, Universidad de Granada) nos trae un resumen de su último trabajo donde nos muestra cómo los mamíferos carroñeros han desarrollado estrategias para evitar comer carroñas de otros mamíferos carnívoros y así prevenir enfermedades y parásitos que se transmiten entre especies similares.

 

Zorro rojo (Vulpes vulpes) consumiendo carroña. Foto: Marcos Moleón y otros.

 

A los humanos nos encanta comer, pero no cualquier cosa ni a cualquier precio. Por ejemplo, de entre las innumerables especies de animales y vegetales que habitan el planeta, sólo un puñado proporciona el grueso de los hidratos de carbono (por ejemplo, el trigo o el arroz) y las proteínas (por ejemplo, el pollo o el cerdo) que demanda la población humana. Además, los gustos cambian según la cultura y el individuo. ¿Deberían el resto de los animales comportarse de manera diferente? ¿Podría un animal carroñero, el paradigma del oportunismo, ser selectivo a la hora de decidir qué tipo de carroña comer o no comer? De hecho, eso es lo que ocurre en la naturaleza, y los humanos lo venimos observando desde hace milenios: “perro no come perro”. Esta expresión, cuyo origen se remonta al menos a los tiempos de la antigua Roma (“Canis caninam non est”), viene a decir, en un contexto social, que los miembros de un determinado gremio tienden a evitar conflictos entre ellos. La expresión parece haberse originado a partir de observaciones empíricas sobre la aversión de los animales carnívoros a comer cadáveres de otros carnívoros. Esto es precisamente lo que nosotros mostramos en el artículo recién publicado en la revista Journal of Animal Ecology. Y hemos comprobado que este comportamiento aversivo es por un buen motivo: para un animal carnívoro, como por ejemplo un zorro o una garduña, comer carroña de otro carnívoro, especialmente si es de su misma especie, incrementa la probabilidad de contraer patógenos que podrían hacer peligrar su vida (por ejemplo, priones como el virulento kuru, que acabó en los años 50 con muchos nativos de Papúa Nueva Guinea que practicaban rituales de canibalismo). A lo largo de la evolución, los carnívoros han “aprendido” a discriminar, probablemente por el olor, la carroña segura de la de riesgo. Esta relación coevolutiva entre los carnívoros y sus parásitos no había sido descrita hasta el momento, e indica que los cadáveres de carnívoros juegan un papel muy diferente al de otros animales en los ecosistemas.

 

Zorro rojo (Vulpes vulpes), carroñero habitual en ecosistemas terrestres del hemisferio norte. Foto: Sebastián Justicia Carmona.

 

Artículo completo:

Moleón M, Martínez-Carrasco C, Muellerklein OC, Getz WM, Muñoz-Lozano C, Sánchez-Zapata JA (2017) Carnivore carcasses are avoided by carnivores. Journal of Animal Ecology 86(5): 1179-1191. DOI: 10.1111/1365-2656.12714

Imagen de portada, zorro rojo (Vulpes vulpes), carroñero habitual en ecosistemas terrestres del hemisferio norte. Foto: Sebastián Justicia Carmona.

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