Investiga, que no es poco

Cuidando nuestro reloj biológico: que la noche sea noche y el día, día

Para cerrar este número especial sobre relojes y ritmos biológicos, os presentamos un estudio  realizado en la Universidad de Murcia por Antonio Martínez-Nicolás, Juan Antonio Madrid y Mª Ángeles Rol, que fue publicado en la revista Chronobiology International. En él, sus autores investigan la importancia del contraste entre el día y la noche como estrategia para potenciar el buen funcionamiento de nuestros relojes biológicos.

Juan Antonio Madrid (foto: Matt Jaskulski) y María Ángeles Rol, Instituto Universitario de Investigación en Envejecimiento/Laboratorio de Cronobiología, Departamento de Fisiología Animal (Universidad de Murcia).

Vivimos en una sociedad que tiende a mantener ambientes constantes. Así, abusamos de la luz artificial durante la noche y apenas nos exponemos a luz brillante durante el día, encendemos el aire acondicionado de día y la calefacción de noche, comemos “a todas horas”, hemos perdido nuestros horarios regulares de hacer ejercicio o de ir a la cama y rompemos nuestras rutinas con frecuencia, especialmente durante los fines de semana. Esta erosión de la diferencia ambiental entre el día y noche y de las actividades típicas asociadas a cada periodo, como estar despierto y activo de día, y dormir de noche, pueden alterar el funcionamiento de nuestros relojes biológicos y afectar a nuestro bienestar.

En este estudio sus autores analizan cómo la diferencia ambiental en los niveles de luz y temperatura que experimentamos entre el día y la noche, o en los niveles diarios de actividad y sueño, pueden afectar al ritmo de temperatura corporal. Este ritmo de temperatura corporal se considera uno de los principales ritmos biológicos de nuestro organismo, y se puede utilizar como indicador o marcador del funcionamiento de nuestro reloj. Así, por ejemplo, un ritmo de temperatura de gran amplitud, es decir, con una gran diferencia entre los valores de día y de noche, y que además se repite de manera estable día tras día, sería indicativo de un buen funcionamiento de nuestro sistema circadiano.

Este estudio contó con la participación de un total de 131 voluntarios, que fueron en su totalidad personas jóvenes. Los participantes portaron una serie de sensores para medir sus ritmos de temperatura corporal de la muñeca y de actividad motora, así como las condiciones de luz y temperatura ambiental a la que estaban expuestos las 24 horas del día. El experimento duró una semana, en la que los participantes hicieron vida normal.

Los resultados muestran que, en general, las personas que se exponen a una gran diferencia día-noche en los niveles ambientales de luz o temperatura, o que tienen una gran amplitud en su ritmo de actividad diario, presentan mejores ritmos de temperatura corporal, es decir ritmos de mayor amplitud y estabilidad, respecto a aquellos individuos cuyo contraste día-noche es muy bajo (figura 1).

Figura 1. (A) Niveles de luz a la que estuvieron expuestos los participantes (línea negra, gran contraste día/noche -exposición a oscuridad total durante la noche y luz más brillante durante el día-; línea gris, bajo contraste). (B) Temperatura corporal de la muñeca de los participantes (línea negra, gran contraste día noche; línea gris, bajo contraste). Obsérvese cómo la amplitud del ritmo de temperatura (diferencia entre los valores máximos y mínimos) es mayor en el caso del grupo expuesto a un gran contraste.

Así pues, estos resultados indican que exponernos a un mayor contraste entre el día y la noche es un factor clave para asegurar un buen funcionamiento de nuestros relojes. Teniendo esto en cuenta, podríamos preguntarnos: ¿y si tenemos un reloj que no funciona muy bien?, ¿podríamos mejorar su funcionamiento mediante la exposición a un gran contraste día-noche? La respuesta es que sí, al menos en teoría. Así, los autores demuestran teóricamente, a través de modelos matemáticos, que los ritmos de temperatura de baja amplitud pueden mejorarse aumentando el contraste día-noche.

En resumen, los resultados de este estudio nos demuestran que nuestro estilo de vida y el ambiente que nos rodea tienen un gran impacto en el funcionamiento de nuestros relojes biológicos.  Al igual que cualquier otro órgano o sistema de nuestro organismo, tenemos que cuidar de nuestros ritmos biológicos, y un buen comienzo es intentar que nuestro día sea lo más parecido al día y la noche lo más parecida a la noche.

Para acabar, os dejamos un vídeo en el que Juan Antonio Madrid nos da una serie de consejos desde el punto de vista de la cronobiología.

 

¡Que el tiempo os acompañe!

 

Artículo completo:

Martínez-Nicolas, A., Madrid, J.A., Rol, M.A. (2014) Day-night contrast as source of health for the human circadian system. Chronobiology International, 31: 382-93.