Investiga, que no es poco

¿Por qué hay tanta variedad de formas entre los huevos de las aves?

Hoy os traemos el resumen de un artículo publicado recientemente en la revista Science por Mary Caswell Stoddard (Universidad de Princeton) donde, en colaboración con otros autores, nos muestra por qué los huevos de las aves difieren tanto de una especie a otra en forma y tamaño. Este post es una traducción-adaptación del original escrito por Sarah Crespi y Jia You en la web de la revista Science, el cual tiene una interfaz muy visual y dinámica, por la cual os recomendamos navegar.

Huevos de ave: un universo de tamaños, formas y colores

Una de las características más bonitas de la vida que habita este planeta es su enorme variedad de formas y adaptaciones, las cuales han permitido que los organismos vivos colonicen hasta el último rincón de la Tierra. Las aves no son ajenas a este patrón. Así, aunque la mayoría de nosotros pensemos en un huevo de gallina como ejemplo clásico, ni mucho menos todos los huevos tienen esa forma o color. Este hecho es fácilmente comprobable cuando, por ejemplo, nos olvidamos durante unos segundos de su apariencia visual y hacemos rodar dos huevos diferentes. Muy probablemente, cada uno lo hará de una manera particular. Durante siglos, los científicos se han preguntado por qué las formas de los huevos difieren tanto entre especies y, por fin, un estudio publicado recientemente en la revista Science parece haber desvelado el misterio. Comencemos por enumerar qué formas son posibles en un huevo. Para ello, debemos recurrir a la enorme labor realizada por naturalistas y museos de historia natural, la cual ha permitido la recolección y catalogación de huevos de aves durante cientos de años. Bien, y entonces, ¿qué tipo de ave está asociada con cada forma del huevo? Y, más aún, ¿cómo podrían las características de cada especie, desde sus hábitos hasta el tamaño corporal, influir en la forma del huevo a lo largo de la evolución? Llegados a este punto, resulta fundamental destacar las formas más extremas, que van desde el huevo que constituye una esfera perfecta, como el del nínox pardo (una pequeña especie de búho propia del sur y este de Asia), a la totalmente elíptica o achatada del huevo de talégalo maleo (una especie de gallinácea originaria de Indonesia), pasando por los huevos cónicos del arao común o el correlimos enano.

Variedad de huevos de aves.  Imagen: wikimedia commons. CC-BY-SA 3.0

50.000 fotografías para investigar la variedad de forma de los huevos 

Los científicos comenzaron su investigación analizando las fotografías de 49.175 huevos de aves recolectados en nidos, madrigueras y colonias de cría por todo el mundo durante más de 100 años. Cada fotografía, proporcionada por el Museo de Zoología Vertebrada de Berkeley, contaba con dos elementos clave: un huevo (o varios) y una escala métrica. Con el uso de un software especial, se ha escaneado cada foto, obteniendo así las medidas del huevo con vistas a determinar el rango completo de formas posibles. Recopilaron fotos de aves pertenecientes a 27 órdenes -incluyendo todos los órdenes mayoritarios- y 1.400 especies, lo que supone un 14% de las 10.000 especies descritas. Después, los investigadores prestaron atención a dos características esenciales: asimetría, o cómo de apuntado es el huevo hacia el ápice superior, y elipticidad (también conocida como achatamiento), o cuánto se desvían los huevos en relación a una esfera perfecta. Así, unos son elípticos, otros son asimétricos, algunos son ambas cosas al mismo tiempo y los hay, como la esfera perfecta del nínox pardo, que no tienen ni asimetría ni achatamiento. Otras aves también se apartan hacia el extremo, como por ejemplo el arao común y el correlimos enano, los cuales generan huevos totalmente asimétricos. El del arao común es, además, uno de los más elípticos.

Correlimos enano (Calidris minutilla). Foto: Alan Vernon en wikimedia commons. CC-BY-SA 2.0

La forma de los huevos está relacionada con la ecología de las aves

Durante años, aficionados a las aves y científicos han generado todo tipo de hipótesis para explicar la forma de los huevos, estando la mayoría de ellas relacionadas con la estrategia vital del ave o el ambiente en el que vive. Estas hipótesis contemplan, entre otras variables, el tamaño de la puesta (la cantidad de huevos en una puesta podría influir en la forma del huevo, ya que algunas formas optimizan el reparto del calor durante la incubación), la eficiencia en el uso del calcio (los huevos esféricos tienen la mejor relación área/volumen, lo que podría contribuir al ahorro de calcio en lugares donde este elemento escasea) y el factor de rodamiento (huevos esféricos podrían rodar fácilmente por una pendiente mientras que los huevos cónicos, en cambio, ruedan prácticamente en círculo, haciéndolos perfectos para aves que anidan junto a acantilados). Además de estas hipótesis, los científicos también pensaron que los huevos que contiene pollos nidífugos -aquellos que normalmente son muy móviles y maduros al nacer, como ocurre con los patos-, tendrían huevos asimétricos porque los extremos apuntados tienen más poros, permitiendo un mayor intercambio de oxígeno necesario para ayudar a sus cerebros a desarrollarse más rápido. Para testar todas estas hipótesis, los investigadores analizaron un amplio elenco de variables que incluyen la masa corporal del adulto, dieta, número de huevos en un nido, tipo de nido, localización del nido, hábitat y capacidad de vuelo (proporción entre anchura y altura del ala).  Después de hacer números por aquí y por allá, dieron con la respuesta que buscaban: la longitud de un huevo se correlaciona con el tamaño corporal del ave mientras que la forma del mismo, cómo de asimétrico o elíptico es, se relaciona con los hábitos de vuelo. Cuanto más poderoso es el vuelo del ave, más asimétrico o elíptico será el huevo. Así, dentro de aves pertenecientes al mismo orden, aquellos con mayor capacidad de vuelo tienden a tener huevos más asimétricos y más elípticos.

Arao común (Uria aalgae). Foto: Anne Morkill,  U.S. Fish and Wildlife Service.

Las aves que mejor vuelan tienen huevos más elípticos

Ahora, abordemos un poco más en profundidad el vínculo entre capacidad de vuelo y forma del huevo. Por lo general, las aves tienen un diseño corporal bastante aerodinámico, especialmente en especies que son grandes voladores y, por esta razón, sus órganos están bastante comprimidos y minimizados. Algo así cómo ocurre con los componentes de un móvil. Con objeto de sacar el máximo partido a sus huevos, estos potentes voladores producen huevos con formas asimétricas o elípticas ya que, a igualdad de circunferencia, poseen mayor volumen que uno esférico. Pero, ¿qué influye realmente a la hora de darle forma al huevo? Un factor obvio es el tamaño del oviducto de la madre (el orificio por el que los huevos salen al exterior). Pero no es el único, ya que también depende del balance entre las presiones ejercidas desde el interior por el contenido del huevo y las ejercidas desde el exterior por el oviducto, y todo ello influido por el grosor de la membrana que el huevo contiene justo debajo de la cáscara (no la cáscara en sí misma). Finalmente, los autores apuntan que, al igual que otros muchos patrones que se dan en la naturaleza, la relación entre la capacidad de volar y la forma del huevo también tiene excepciones. Así, por ejemplo, mientras los huevos de avestruz tienden a ser esféricos, los del kiwi son elípticos, aunque ambas especies no vuelen. Los pingüinos, que tampoco vuelan, ponen huevos asimétricos, hecho que los investigadores achacan a sus cuerpos aerodinámicos, diseñados para un poderoso buceo. Por tanto, parece que por fin los científicos están comenzando a desvelar todo lo que se esconde tras la forma de los huevos, por lo que quizás es hora de abordar otras asignaturas pendientes acerca de la relación ave-huevo como, por ejemplo, ¿qué fue primero?

 

Artículo completo:

Stoddard MC, Yong EH, Akkaynak D, Sheard C, Tobias JA & Mahadevan L (2017) Avian egg shape: form, function, and evolution. Science, 365: 1249-1254. doi: 10.1126/science.aaj1945