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¿Por qué conservar ríos que se secan?

Tras la anterior entrada, en la que presentamos este número especial sobre ríos intermitentes, hoy os traemos el resumen de un artículo liderado por Alisha Steward y Daniel von Schiller, que cuenta, además, con la participación de otros muchos científicos de centros de investigación de Alemania, Australia y España. Este  estudio fue publicado en la revista Frontiers in Ecology and the Environment, y en él,  sus autores resaltan la importancia y necesidad de conservar los ríos intermitentes.

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Alisha Steward (Queensland Government, Australia) y Daniel von Schiller (Universidad del País Vasco).

La vida en ríos intermitentes

Desde un punto de vista hidrológico, los ríos intermitentes están caracterizados por una fase húmeda, en la que el agua corre superficialmente, y una fase seca, en la que el agua va concentrándose en pozas aisladas mientras la mayor parte del lecho del río está seco y expuesto a la atmósfera. Algunos ríos llegan incluso a secarse totalmente. Hemos de tener en cuenta que un periodo seco para nosotros, los humanos, no significa que lo sea para otros organismos. Para empezar, en el sustrato de los lechos secos puede mantenerse cierto grado de humedad, suficiente para que muchísimos microorganismos (bacterias u hongos) puedan vivir y desarrollar funciones fundamentales para el mantenimiento del ciclo de elementos como el carbono y numerosos nutrientes. No obstante, la vida en los periodos secos no se reduce únicamente a los microorganismos. Los cambios extremos que este tipo de ríos sufren continuamente en sus condiciones ambientales, hacen que los lechos secos de estos ecosistemas acojan una gran diversidad de organismos con características acuáticas, anfibias y terrestres. La biodiversidad acuática de estos ecosistemas es única, ya que está tremendamente adaptada a estas condiciones, permitiéndoles sobrevivir tanto a la fase húmeda como seca. Esto se ve muy bien en el caso de algunos crustáceos, que viven exclusivamente en ecosistemas acuáticos intermitentes ya que requieren de la existencia de una fase seca en el lecho del río para que sus huevos se desarrollen correctamente. Además, algunas algas que son propias de ambientes acuáticos han desarrollado formas de resistencia que les permiten sobrevivir a fases secas durante meses o incluso años. Del mismo modo, algunos invertebrados acuáticos son capaces de resistir esta fase seca en formas de resistencia, en lugares con cierta humedad, como debajo de piedras o troncos, o gracias a su gran capacidad de dispersión que les permite volar a zonas donde todavía quede agua.

“La biodiversidad acuática de los ríos intermitentes es única, ya que está adaptada a los cambios extremos que sufren estos ecosistemas, lo que en muchos casos les permite sobrevivir tanto en la fase húmeda como en la seca”

Durante la fase seca, aparece un nuevo tipo de comunidad: en ese momento los lechos de los ríos se llenan de organismos anfibios y terrestres, que difieren de las comunidades de los ecosistemas terrestres adyacentes. En los lechos secos de los ríos que atraviesan desiertos y otras zonas de clima seco, es común ver una vegetación más rica y diversa en el lecho del río en comparación con los hábitats terrestres adyacentes. Esto se debe a que bajo estos lechos suele discurrir el agua de forma subterránea, lo que permite a la vegetación terrestre crecer y desarrollarse en condiciones más favorables que las que existen alrededor. Esto se aprecia bien en muchas ramblas del sureste ibérico, como las existentes en la Región de Murcia, donde los cauces secos contienen grandes cantidades de biomasa vegetal de la especie Phragmites australis (comúnmente conocidos como carrizales). Además, en estas zonas, los lechos secos de los ríos constituyen uno de los hábitats más utilizados por los vertebrados, tanto para alimentarse como para desplazarse por sus territorios o dispersarse hacia otros nuevos.

Entrada Dani Von Schiller

Carrizal (Phragmites australis) ocupando el lecho de la rambla del Ajauque (Murcia). Foto: Rosa Gómez.

La importancia de los ríos temporales en el funcionamiento de la naturaleza

Desde un punto de vista biogeoquímico, los lechos secos de los ríos temporales, en contraste con los sedimentos inundados, se caracterizan por un ambiente oxigenado que favorece los procesos aeróbicos (con oxígeno) frente a los anaeróbicos (sin oxígeno), además de procesos de mineralización como la fotodegradación (transformación de compuestos de origen orgánico en compuestos minerales con la participación directa de la luz del sol). En zonas templadas con bosques de ribera bien desarrollados, los lechos secos acumulan grandes cantidades de materia orgánica y nutrientes que alimentan el metabolismo fluvial cuando, tras las lluvias, retorna el caudal. En este sentido, los lechos secos condicionan la ecología y biología del río más allá de la propia fase seca. Cuando vuelve el agua, además de movilizarse todo tipo de materiales (por ejemplo, restos de hojarasca y madera), los nutrientes que se han acumulado en los sedimentos secos se liberan al agua, disolviéndose y condicionando en gran parte la calidad del líquido elemento que, no olvidemos, es esencial para la humanidad. Así, desde un punto de vista de la gestión hídrica, hemos de tener en cuenta que la existencia de lechos secos, en general, determina que la calidad físico-química del agua que presentan los ríos intermitentes sea muy particular, por lo que no podemos emplear herramientas para diagnosticar su salud o gestionarlos que han sido elaboradas a partir de ríos permanentes, con unas características bien distintas.

“En los ríos intermitentes no deberían utilizarse herramientas de diagnóstico y gestión diseñadas para los ríos permanentes. Necesitamos nuevos enfoques.”

Los ríos temporales como fuente de beneficios para la sociedad

Aparte de estos valores puramente ecológicos, los investigadores sostienen que los lechos secos de los ríos temporales también proporcionan beneficios directos para los seres humanos. Por ejemplo, en muchas regiones del mundo, estos hábitats son frecuentemente utilizados para cultivos agrícolas por su gran fertilidad o como vías de transporte para animales. En la región de Murcia, por ejemplo, muchas ramblas que solo transportan agua tras fuertes avenidas, proporcionan tierra rica en nutrientes para el cultivo de cítricos y otros cultivos de regadío así como pastos para la ganadería extensiva de cabras y ovejas. Además, en muchos países los cauces secos tienen valores culturales singulares. Como ejemplo de lo más curioso, en Australia se celebra una regata sobre el lecho seco del río (intermitente) Todd.

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Regata en el río intermitente Todd, Alice Springs, Australia. Foto: Alli Polin en Wikimedia commons.

Mejorando la gestión y la salud de los ríos intermitentes

Los autores del estudio sostienen que, pese a que queda mucho por aprender, deberíamos valorar más la utilidad y los beneficios que proporcionan los lechos de los ríos secos. A su modo de ver, esto solo puede lograrse integrando los ríos intermitentes y sus fases secas en las políticas de gestión y legislación en materia de ríos. Sin embargo, en este sentido aún queda mucho por hacer, ya que, por ejemplo, actualmente los ríos intermitentes y sus lechos secos no se consideran en las leyes de protección y gestión de los ecosistemas acuáticos. Concretamente, a nivel europeo, la Directiva Marco del Agua, que nace con el objetivo de garantizar la protección de las aguas y su uso sostenible a largo plazo, no contempla explícitamente estos ríos. Esta situación ha hecho que, durante muchos años, los gestores y técnicos ambientales de cuencas hidrográficas evaluaran el estado ecológico de un rio intermitente usando las herramientas diseñadas para ríos de caracter permanente, lo que ha llevado a una incorrecta gestión de los ríos intermitentes. Sin embargo, resulta bastante esperanzador ver como algunos programas de ciencia ciudadana están promoviendo la acción social en la conservación y el estudio de los ríos intermitentes a través de la colaboración con científicos. Buenos ejemplos de ello son la App móvil RiuNet, desarrollada por científicos de la Universidad de Barcelona para que los ciudadanos puedan participar en la evaluación de la salud de ríos intermitentes y proporcionar así valiosos datos a la administración, el proyecto En quête d’eau donde la Agencia Francesa por la Biodiversidad ha creado una aplicación para que los ciudadanos identifiquen qué ríos se secan o los más de 4.000 km de ríos intermitentes cartografiados por el proyecto IRBAS.

Aunque muchas de estas iniciativas aportan esperanza y energía para conservar los ríos intermitentes, actualmente, estos ecosistemas sufren un gran impacto con origen en actividades humanas. En los casos más extremos, las hemos llegado a desfigurar, haciéndolas impermeables e integrándolas en el territorio urbano. Un ejemplo son las típicas ramblas de Barcelona, muy conocidas y frecuentadas por los visitantes, pero que pocos saben que lo que siguen en realidad es el trazado de antiguos cauces intermitentes, y por lo tanto de ahí su nombre. En otros casos, las usamos como vertederos, fruto del poco valor que les otorga la sociedad. Esperamos que este número especial ponga su granito de arena y gotita de agua para mejorar esta situación y que valoremos esos tesoros que esconden ramblas, barrancos, rieras y otros cauces temporales que vertebran y dan vida a los paisajes ibéricos, al tiempo que sustentan uno de los rasgos más auténticos del paisaje mediterráneo.

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Las Ramblas de Barcelona discurren por encima de antiguos ríos intermitentes. Foto: Nikos Roussos en Wikimedia commons.

 

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Río intermitente haciendo de vertedero improvisado (Cerdeña, Italia). Foto: Daniel Von Schiller.

Artículo completo:

Steward, A. L., von Schiller, D., Tockner, K., Marshall, J. C., & Bunn, S. E. (2012). When the river runs dry: human and ecological values of dry riverbedsFrontiers in Ecology and the Environment10(4), 202-209.