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Antonio José García Cano: cuando arte y ecología se dan la mano

Nuestro entrevistado de hoy tiene un perfil poco común. Antonio combina arte y ecología, dos disciplinas que tradicionalmente se han considerado por separado. Doctor en Bellas Artes por la Universidad de Murcia, la tesis doctoral de Antonio aborda cómo el arte puede contribuir a mejorar el estado ecológico de nuestro entorno, centrándose en ambientes acuáticos y el impacto que el cambio global tiene sobre los mismos. Durante este último año, ha trabajado como investigador y artista visitante, a través del prestigioso programa Fulbright, en la School of Interdisciplinary Arts and Sciences de la Universidad de Washington–Tacoma. ¡Vamos a ver que nos cuenta nuestro eco-artista!

Ecoartista

Antonio José García Cano en el Río White, próximo a su nacimiento en el Monte Tahoma (Washington, EEUU).

Hola, Antonio. Bienvenido a Ecomandanga. Antes de nada, queríamos darte las gracias por tu disponibilidad para hacer esta entrevista, así como trasladarte nuestra admiración por el hecho de que alguien como tú, con una formación eminentemente artística, se interese por la ecología y aporte así su granito de arena para que el planeta Tierra siga siendo habitable para la especie humana en el futuro. Muy probablemente, muchos lectores se estén preguntando lo mismo que nosotros, así que la primera cuestión parece obvia:

¿Qué es un eco-artista?

Es difícil definir el arte ecológico, ya que los proyectos que se hacen son muy diversos. En general este término se refiere a artistas que son conscientes de los retos ambientales a los que se enfrenta la humanidad y se preguntan cómo pueden contribuir a la mejora de dicha situación desde su práctica artística. Podemos encontrar artistas que se centran en la denuncia del impacto humano en los ecosistemas y en crear conciencia al respecto, que generan dinámicas comunitarias sostenibles, que desarrollan acciones enmarcadas en el activismo ambiental, que visualizan futuros posibles para un lugar concreto, o que participan activamente en el desarrollo de proyectos de restauración con ecólogos, ingenieros, hidrólogos y profesionales de otras disciplinas. Si me preguntas por mi punto de vista, diría que los ecoartistas son aquellos que trabajan en torno a las relaciones ecológicas, tienen en consideración la complejidad de los sistemas en los que intervienen y son conscientes del cambio global que está alterando globalmente esas relaciones.

Considero que los artistas ecológicos pueden ser más que meros ilustradores o comunicadores de ciencia. El arte ecológico puede aportar la visualización de cómo podrían ser las cosas si actuáramos de una manera diferente. Es decir, puede generar imaginación sobre potenciales futuros, imaginación que considero un primer paso para iniciar el proceso de cambio que necesitamos para abordar los retos ambientales presentes y futuros. También he observado que los proyectos artísticos generan procesos y redes de aprendizaje que enriquecen a todos los participantes: artistas, miembros de la comunidad del lugar en el que se trabaja y científicos.

¿Cómo un licenciado en Bellas Artes acaba metido en el campo de la ecología? ¿Qué te lleva a plantear y orientar tu tesis en ese sentido?

¡Buena pregunta! Siempre me he sentido muy vinculado al lugar donde vivo (Rincón de Beniscornia), en plena Huerta de Murcia, el cual en las últimas décadas ha sufrido el impacto de un urbanismo desordenado. He crecido jugando en los huertos, viendo y escuchando el agua de las acequias y brazales -canales de riego tradicionales-. El río Segura pasa a escasos metros de mi casa, por lo que lo visitaba con frecuencia. Recuerdo las inundaciones en el pueblo y después las obras de encauzamiento, que visitaba casi a diario con mi abuelo a principios de los años 90, que cambiaron el río para siempre, ya que aislaron una gran cantidad de antiguos meandros que se convirtieron en uno de mis lugares de paseo favoritos. Desde ese momento me interesó mucho la manera en que esas obras de encauzamiento alteraban profundamente el río, así como sus consecuencias sociales y ambientales a lo largo del tiempo.

Por otra parte, en el Máster en Producción y Gestión Artística que realicé tras la licenciatura, tuve la suerte de conocer a la artista Lucía Loren, hecho que me llevó a descubrir mi interés por este tipo de trabajos artísticos. Uno de mis trabajos en el máster fue Azarbón (2009), con el que pretendía recuperar la memoria del agua en mi pueblo. Consistió en una intervención realizada con una especie invasora, la caña común (Arundo Donax), y en un vídeo documental sobre el azarbe de mi pueblo. Esto me sirvió para entender la importancia de la memoria ecológica de los lugares a la hora de imaginar futuros posibles y generar conversación en torno a temas ambientales. Más tarde, una vez iniciada mi tesis doctoral, tuve la oportunidad de realizar una estancia de investigación en Manchester en la que el artista e investigador David Haley me enseñó muchísimo acerca de sistemas complejos, del agua y de los valores con los que el arte ayuda a que podamos convivir con las consecuencias del cambio climático.

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Instalación del Proyecto Azarbón, en el azarbe de la Acequia Beniscornia (Murcia, 2009).

Todo esto que comentas fue la semilla de tu línea de investigación, ¿en qué acabó materializándose?

Efectivamente, todo ello condujo al Proyecto Iskurna (2011-2014), consistente en recuperar la memoria de la red de acequias del Rincón de Berniscornia. Este proyecto formó parte de la metodología de investigación para mi tesis doctoral donde cartografié toda la red de riego de la zona. Parte importante de este sistema ha desaparecido porque ha sido entubado, sin embargo aún permanece en la memoria colectiva. Además, estudié la evolución del río Segura a través de cartografía antigua para entender su dinámica antes de que fuera canalizado. En base a toda esta información, intenté recuperar la memoria y el imaginario colectivo a través de mapas, caminatas, fotografías y talleres sobre lugares que ya no existen. También realicé una serie de vídeos documentales con el vecino Joaquín Martínez sobre todas las prácticas agrícolas tradicionales que lleva a cabo a lo largo del año en su huerta, ya que es una pena que este conocimiento popular se esté perdiendo. Recuperar la memoria del lugar es básico para conservar, proteger o restaurar el medio ambiente, ya que está demostrado que cuanto más conoces un lugar, más vinculado estás al mismo y te sientes más responsable de su conservación.

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Mapa del tercer recorrido del Proyecto Iskurna (Rincón de Beniscornia, 2011).

Este proyecto sirvió para conocer mejor dónde vivimos, por ejemplo recuperando la memoria de los antiguos meandros o de las acequias y brazales entubados. También sirvió para generar conversaciones sobre cómo era el lugar y cómo podría ser, y para crear vínculos entre personas de diferentes generaciones. Tenía un interés especial en comunicar que el río es un sistema vivo, dinámico, que modela el terreno por el que discurre. Su escala temporal es tan grande que no somos capaces de apreciar su movimiento y cambio. Y, aunque en este último siglo hemos intentado controlar los ríos, de vez en cuando se dan episodios que nos recuerdan que el río no es solo una línea en un mapa, sino que cambia a lo largo del tiempo y el espacio, siendo los sotos de inundación que hemos ocupado también parte integral del mismo.

¿Es complicado estar a caballo entre dos disciplinas tan diferentes?

En mi caso creo que lo he llevado muy bien, ya que me apasionan temas como los ríos y el agua y he visto cómo esa búsqueda alimenta mi práctica artística. Soy Doctor en Bellas Artes, pero también he aprendido de científicos que han trabajado con artistas y de otros científicos, como los del Departamento de Ecología de la Universidad de Murcia o de la Universidad de Washington en Tacoma. Esto me ha ayudado a incorporar esa visión ecológica en mi obra artística. De todas formas, no creo que el arte esté tan alejado de la ecología como podríamos pensar inicialmente. Los objetivos de la ecología y el arte no son tan distintos. Simplemente, se usan metodologías y lenguajes diferentes, por lo que al final pueden complementarse muy bien. Es necesario superar estereotipos, porque conozco muchos científicos que son artistas y muchos artistas que son científicos. Hay que empezar a ser conscientes de que el arte puede ser una herramienta muy valiosa para mejorar nuestra relación con el entorno, ya que los artistas pueden participar tanto en el diseño como en la comunicación de los proyectos. Aunque muchas veces la práctica artística no encuentra soluciones concretas para los problemas ambientales, el hecho de mirar desde otra disciplina aporta un punto de vista diferente que puede dar origen a preguntas de investigación interesantes.

Tu tesis doctoral se centra en proyectos artísticos que abordan el problema del cambio global en ecosistemas acuáticos, ¿cómo puede el arte ayudar a mejorar el estado ecológico de nuestros ríos?

De muy diversas formas. Por ejemplo, contribuyendo a la concienciación sobre la situación ecológica de los ríos, la promoción de debates en torno a cómo relacionarnos con sus dinámicas, la propia restauración de los márgenes de los cauces, la depuración del agua o la generación de vínculos de las comunidades locales con los ríos de su zona. En relación a este último aspecto y por poner un ejemplo de referencia, el proyecto de Baisan Irland llamado A Gathering of Waters: Rio Grande, Source to Sea (1995-2000) consiste en una serie de actividades a lo largo del Río Grande (EEUU) para fortalecer los lazos de las comunidades ribereñas con el río y para conectar a esas comunidades entre sí.

Normalmente, estos proyectos, además de tener un componente estético, buscan la mejora de los ecosistemas en los que se desarrollan. Podríamos poner muchos ejemplos de proyectos que mejoran la calidad del agua. Uno de los más conocidos es el proyecto de Betsy Damon titulado The Living Water Garden (1995-1998) en Chengdu (China), en el que crea un sistema de depuración del agua del río Fu-Nan que además es visitable, de manera que acerca estos procesos a la población. También son muy interesantes los proyectos de Patricia Johanson, como la planta depuradora Ellis Creek Water Recycling Facility en Petaluma (California, 2001-2005), con forma de un roedor autóctono de la zona, o sus propuestas de canales alternativos para depurar el agua del cauce principal del río Nairobi (Kenia).

¿Y qué tal ha sido la experiencia en Estados Unidos?

La experiencia ha sido muy buena a todos los niveles. Me ha servido para crecer personal y profesionalmente. Como artista he realizado dos proyectos. El primero de ellos tuvo lugar en el campus de la universidad y se titula Navigating the Flood. Frente al edificio de Arte, hay una colina en la que sufre una erosión importante debido a la falta de cubierta vegetal y las frecuentes lluvias. Esto hace que las raíces de un árbol estén quedando al descubierto y que la tierra sea arrastrada a la carretera. Además, el agua de escorrentía recoge los contaminantes depositados sobre el asfalto y finalmente llegan a los cauces y al mar. De manera que propusimos como un trabajo colaborativo para la clase Eco-Arte la realización de una estructura con materiales naturales, principalmente ramas secas de árbol, mimbre y también hojas secas que retuvieran parte de ese escorrentía, y que generara suelo que cubriera las raíces expuestas del árbol. Aunque el impacto de esta intervención a escala de la ciudad es mínimo, sí que sirvió para generar diálogo sobre la problemática de la contaminación de las aguas de escorrentía y los efectos del cambio global en esta zona. Además, esto no acaba aquí, pues cabe la posibilidad de que los estudiantes sigan desarrollando el proyecto en el futuro ,de manera que abarque toda la colina y tenga un efecto más significativo sobre la escorrentía superficial.

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Boceto previo de Navigating the Flood (Tacoma, 2016).

El segundo proyecto se titula Puyallup Project y consiste en recuperar la memoria del río Puyallup, el cual nace en los glaciares del Monte Tahoma y desemboca en el Salish Sea, en Tacoma, donde viví el pasado año. Hoy en día la desembocadura ha sido convertida en un puerto industrial y comercial, lo que llevó a la canalización de la parte media y final del cauce para evitar inundaciones al inicio del siglo XX. Realicé una búsqueda de fotografías y planos antiguos para entender cómo era el río y su desembocadura antes del impacto de esas obras. También contacté con científicos que trabajan en este río, con los que visité diferentes zonas del mismo, y con miembros de los pueblos nativos americanos Puyallup y Muckleshoot, para aprender más sobre este lugar y su memoria. De hecho, tenemos mucho que aprender de estos pueblos nativos que han sido capaces de vivir miles de años de manera sostenible en las riberas fluviales mientras que nosotros solo hemos necesitado unos cuantos años para alterar profundamente todo el ecosistema. Afortunadamente, la forma de actuar está cambiando, ya que la administración está comprando terrenos junto al río y eliminando las motas para devolver al río la conexión con las llanuras de inundación. Al parecer este sistema es más efectivo para minimizar el impacto de las crecidas y tiene un coste de mantenimiento menor que el de los muros y canalizaciones que tradicionalmente usamos.

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Boceto del Proyecto Puyallup (2017).

De este proyecto, aprendí cómo la primera reacción a las inundaciones es la de canalizar y controlar el río, como ha ocurrido aquí en el río Segura y en otros ríos españoles. Sin embargo, también aprendí que es posible otra filosofía que entiende que la mejor defensa es la convivencia con las inundaciones. Es decir, lo más sostenible es devolver al río sus llanuras de inundación para que inunde y dibuje libremente su cauce, lo que a su vez promueve más vida y más capacidad de adaptación a las consecuencias del cambio climático. Quizá la práctica artística pueda ser útil para visualizar cómo podría ser un Plan de Convivencia con el río, en lugar de un Plan de Defensa contra inundaciones.

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Caja de la memoria del Río Puyallup (Tacoma, 2017).

Actualmente, estoy colaborando con la profesora y artista Vaughn Bell en un proyecto docente, que se titula WATERshed, para el curso Eco-Art en la Universidad de Washington-Tacoma, en el que los alumnos van a seguir trabajando sobre la cuenca del río Puyallup y cuyos trabajos y colaboraciones con científicos vamos a recoger en un blog al que por supuesto os invito a seguir!

Considerando que el arte puede llegar a un público más amplio que al que llegan los científicos, ¿crees que los artistas deberían participar más en la conservación del medio ambiente?

Totalmente. En ese sentido, el arte puede ser muy importante, ya que opera en el nivel de las emociones, y esto puede ser más transformador que una mera comunicación de datos en informes o artículos. Así que espero que muchos artistas puedan generar preguntas y reflexiones acerca de cómo nos relacionamos con un lugar, su flora, su fauna, así como los procesos ecológicos que los mantienen. También espero que artistas y científicos puedan incrementar sus colaboraciones  para enriquecerse mutuamente y generar procesos de aprendizaje en la comunidad en la que habitan.

[Mientras Antonio me cuenta esto, vienen a la memoria muchas viñetas de El Roto cuyo mensaje tiene, quizás, más impacto, o al menos, complementario, al de muchos artículos científicos]

¿Eres positivo o negativo sobre la capacidad del ser humano para revertir los efectos del cambio climático actual?

Aunque soy pesimista sobre este asunto, creo que debemos poner todo nuestro empeño en intentarlo, porque no queda otra. Entre la comunidad científica no hay dudas de que el ser humano está detrás del actual cambio climático y ya sabemos gran parte de sus causas, así como algunas medidas que se podrían adoptar para mitigar y adaptarnos a estos cambios. Incluso tenemos cierta tecnología con la que podríamos empezar este proceso. Parece claro que, como apunta el químico Michael Braungart, ya no es suficiente con contaminar menos, sino que tenemos que ser como árboles, que al vivir limpian. Es decir, tenemos que tener un impacto positivo. Lo que parece que falta es, por un lado, una mayor empatía con la naturaleza y con aquellos que se van a ver más afectados y, por otro lado, un cambio cultural, de filosofía, de paradigma, de sistema, y creo que es en estos dos aspectos donde la práctica artística puede ser clave. También observo que algunos eco-artistas están centrándose en imaginar cómo convivir con el cambio climático e intentan ver las oportunidades en ese nuevo contexto, más allá del precipicio al que nos estamos asomando.

¿Qué planes de futuro tienes? ¿Ves posibilidades de seguir tu carrera investigadora en España?

Tras este año en EEUU, que fue muy intenso como investigador y artista, necesito un poco de tiempo para procesar toda esta experiencia y escribir sobre ello. He estado trabajando como profesor sustituto en Bellas Artes y ahora mismo soy profesor interino en educación secundaria. También me estoy presentando a convocatorias de plazas postdoctorales y de proyectos, así como a otro tipo de convocatorias que me ayuden a conseguir financiación para presentar mis proyectos en congresos. No obstante,  hay que tener en cuenta que si ya es difícil investigar en ámbitos científicos, creo que aún lo es más en el ámbito artístico.

Aunque no sé si lo conseguiré, me gustaría dedicarme tanto a la docencia relacionada con el arte como a la investigación a través de proyectos interdisciplinares que incluyan a ecólogos, biólogos, ingenieros, artistas y otros profesionales. Al final, por desgracia uno acaba acostumbrándose a realizar este tipo de trabajos sin dinero, por vocación y porque disfruto aprendiendo, pero la verdad es que me gustaría dedicarme profesionalmente a ello. Esperemos, pues, que cada vez se valore más lo que los artistas podemos aportar a los profundos cambios sociales, económicos y ambientales que deberemos afrontar en las próximas décadas.

Muchas gracias, Antonio. Ha sido un auténtico placer tenerte en Ecomandanga. Te deseamos toda la suerte mundo en esta próxima etapa y esperamos que puedas seguir dedicándote a aplicar esa visión artística en proyectos ambientales.

¿Cómo es Antonio?

Una comida: el arroz y verduras de mi madre.
Una ciudad: Murcia.
Un paisaje: la costa del Pacífico Norte de Norte América.
Un olor: a lluvia y a la huerta en primavera.
Una canción: Simple man, de Lynyrd Skynyrd.
Algo que eches de menos: el sonido del agua de las acequias sin entubar.
Un recuerdo de infancia: las tardes de juego con mis amigos en  la huerta.
Un miedo: olvidar el conocimiento local acumulado a lo largo de los siglos.
Una frase o cita: “El río toma y deja”, que me decía mi abuelo.

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