En ruta

Invierno en Gallocanta, ¿el mayor espectáculo natural de Iberia?

Hoy os traemos una maravillosa excursión por la Laguna de Gallocanta, donde podréis contemplar un fabuloso espectáculo natural: la invernada de la Grulla común.

Los primeros rayos del débil sol invernal rielan sobre el manto de escarcha que cubre barbechos, rastrojos y pastizales. Nos encontramos en plena Serranía Celtibérica, a caballo entre las provincias de Teruel y Zaragoza, una región conocida como “la Laponia del sur” al tener en común con la del norte una de las densidades de población más bajas de Europa (menos de 8 habitantes/km2). Y aunque nada invite a pensar que, muy cerca de nosotros, el amanecer del gélido día va a traer consigo una explosión de vida, un continuo y omnipresente sonido comienza a inundar todo y nos proporciona las primeras pistas sobre lo que allí va a acontecer. Es el trompeteo de las grullas, que por decenas de miles han elegido, un año más, la laguna de Gallocanta para pasar el invierno.

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Vista panorámica de la Laguna de Gallocanta. Autor: Félix Picazo.

Los protagonistas, las grullas

Las especies de grullas se agrupan dentro de la familia Gruidae y cuentan con 15 especies, las cuales se hallan repartidas en 4 géneros: Grus (8 especies, 2 de ellas extintas), Anthropoides (2 especies), Balearica (2 especies) y Bugeranus (1 especie).

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A la izquierda, Grulla de Manchuria (Grus japonensis). Fuente: Alastair Rae, CC BY-SA 2.0, en wikimedia commons. A la derecha, Grulla coronada cuelligrís (Belarica regulorum). Fuente: Chrumps, CC BY 3.0, en wikimedia commons.

Las grullas son aves de gran tamaño, de vuelo elegante y caminar pausado a base de zancadas. Tienen una dieta básicamente omnívora (semillas, brotes, invertebrados, etc.) y habitualmente se reúnen en grandes grupos para alimentarse y desplazarse, llegando a recorrer enormes distancias. Sus especies se distribuyen sobre todo por Eurasia, Norteamérica y África, y cuentan con algunos de los diseños y rituales de cortejo más espectaculares del reino animal, como por ejemplo el de la Grulla de Manchuria (Grus japonensis), que podéis ver en el siguiente vídeo, o el de la Grulla coronada (Balearica sp.).

 

Por suerte, en la Península Ibérica también contamos con un representante de esta familia. Nos referimos a la Grulla común (Grus grus), un ave de aproximadamente un metro de altura, con una envergadura alar de alrededor de 2 metros, y cuyo plumaje le ha valido el sobrenombre de “dama gris“. Se trata de una especie migratoria que nidifica en el norte de Eurasia e inverna en el sur de este continente y el norte de África. Aunque los datos varían según fuentes y año, su población reproductora ronda los 400.000 ejemplares, contando Rusia con el mayor número de efectivos.

Aproximadamente la mitad de la población pasa el invierno en tierras ibéricas, eligiendo preferentemente las dehesas y humedales del Suroeste peninsular. Sin embargo, más al Este, se localiza un lugar que es clave para la invernada de la Grulla común: la laguna de Gallocanta. Y es que esta zona, aparte de servir de área de descanso para la mayor parte del contingente que después continuará el viaje hacia otras áreas, cuenta con una población invernante de alrededor de 40.000 ejemplares. Es decir, casi la cuarta parte del total ibérico.

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Fuente: Devil m25, traducido y adaptado por Taxus2000 de Verbreitungskarte Kranich.png, CC BY-SA 3.0, en wikimedia commons.

Aunque el grueso de ejemplares llega en noviembre, desde finales de octubre pueden verse los primeros bandos con su característica formación “en V”, fundamental para ahorrar energía y seguir a los ejemplares más experimentados. Y todo ello amenizado con su característica voz de contacto (el trompeteo anteriormente mencionado), el cual parece ser imprescindible para mantener en todo momento una referencia sobre la posición del resto de compañeros de viaje y así conservar la eficiente formación.

A modo de anécdota, el que escribe estas líneas tiene grabado en su memoria, para siempre, el sonido de las grullas atravesando Barcelona a mediados de noviembre, a eso de la una de la madrugada mientras se disponía a coger el sueño en un céntrico piso de la ciudad condal.

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Cada año, la Laguna de Gallocanta es elegida por miles de grullas comunes como zona de invernada, para después volver a sus áreas de cría en el norte de Europa. Autor: Félix Picazo.

 

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Grupo de grullas comunes alimentándose en los campos agrícolas que rodean la Laguna de Gallocanta. Autor: Félix Picazo.

El escenario: la laguna de Gallocanta

La laguna de Gallocanta se encuentra en pleno sistema Ibérico, entre las comarcas del “Campo de Daroca” y “Jiloca”, a una altitud aproximada de 1.000 metros sobre el nivel del mar, y está enclavada en una cuenca endorreica (cuenca fluvial cuyas aguas no tienen salida al océano) de naturaleza agrícola, rodeada de pequeñas colinas y sierras pobladas de monte mediterráneo. Se trata de una laguna temporal con cierta salinidad, bastante superficial (las zonas más profundas apenas alcanzan los 2 metros) y cuyo nivel, al depender exclusivamente del agua de lluvia, varía enormemente de año en año, llegando a secarse durante los ciclos con menor precipitación.

El acceso principal a la misma se realiza a través de la “Autovía Mudéjar”, que une Teruel con Zaragoza, a la altura de Calamocha (la laguna se encuentra a apenas 20 minutos de la autovía). En sus alrededores, se encuentran pequeños núcleos de población como Tornos, Berrueco, Bello, Las Cuerlas y Gallocanta. Desde hace unos años, el ecoturismo enfocado a la observación de las grullas es una de las principales fuentes de ingresos para la población local, cuya actividad principal ha estado tradicionalmente vinculada con la agricultura y la ganadería.

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Grullas comunes en vuelo. Autor: Félix Picazo.

Figuras de protección

La laguna de Gallocanta está catalogada como espacio protegido, concretamente como “Reserva Natural”, por el Gobierno de Aragón. También está incluida en la red Natura 2000 europea, ostentando la catalogación de ZEPA (zona de especial protección para las aves) y LIC (lugar de interés comunitario) en base al interés que presentan sus comunidades de fauna y flora. Por último, también cuenta con otras figuras de protección como “Refugio de fauna silvestre”, y la catalogación de “Humedal de importancia internacional” por el Convenio RAMSAR.

La reserva natural está integrada por la laguna de Gallocanta, que comprende cerca de 2.000 hectáreas, y la zona periférica de protección, que suma alrededor de 4.500 hectáreas más. En esta zona periférica de protección se encuentra también las lagunas de la Zaida y de Guialguerrero, las cuales tienen un carácter aún mucho más temporal de manera que su vaso aparece inundado únicamente en años muy lluviosos.

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Fuente: Gobierno de Aragón.

La ruta

Lo más recomendable para disfrutar al máximo de este grandioso espectáculo es pernoctar al menos una noche en la zona, pues la actividad de las grullas alcanza su máximo a primera y última hora del día, cuando miles de ellas parten y regresan, respectivamente, al dormidero. Una gran cantidad de grullas abandona la laguna diariamente, apenas amanecido, para alimentarse en las zonas agrícolas de los alrededores, volviendo a la misma cada atardecer para dormir. Así, lo más interesante es situarse un poco antes del amanecer o del atardecer en cualquiera de los observatorios de la zona para contemplar cómo los grupos de grullas, cual contrarreloj por equipos del Tour de Francia, nos sobrevuelan uno tras otro.

Por supuesto, aparte de la vista, el oído es un sentido fundamental en esta actividad, pues realmente llega a impresionar la algarabía del continuo y potente trompeteo. Es especialmente recomendable situarse en el observatorio del centro de interpretación, en la carretera que une las localidades de Tornos y Bello, ya que una gran parte de las grullas se alimenta en los maizales del valle del río Jiloca, al sur de la laguna.

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Vista panorámica de la Laguna de Gallocanta. Autor: Félix Picazo.

Si llegamos a la zona durante las horas centrales del día, lo mejor es ir directamente al centro de interpretación, ya que nos servirá para ubicar los puntos de interés y recabar la información más imprescindible para disfrutar al máximo la visita. También, durante el día, una buena idea es recorrer a pie el perímetro de la laguna por cualquiera de los senderos indicados. El que parte desde la localidad de Las Cuerlas hacia uno de los observatorios quizás es el más interesante. Por supuesto, sin dejar de prestar atención a los campos que rodean la laguna en nuestros desplazamientos en coche de una a otra localidad, pues a veces pueden observarse bandadas realmente numerosas “pastando” muy cerca de la carretera. Además de las grullas, no resulta difícil observar muchas otras especies de aves acuáticas, esteparias y rapaces. Entre los mamíferos, si nos movemos con cierto sigilo, es altamente probable observar algún corzo.

Todo el mundo debería visitar al menos una vez en su vida la Laguna de Gallocanta en invierno, ¿a qué estás esperando? Para más información, en la web del Gobierno de Aragón se puede consultar toda la información básica sobre la zona. La época ideal comprende desde finales de noviembre hasta principios de marzo, pues a partir de esta fecha los grupos de grullas comienzan su viaje hacia las áreas del norte de Europa donde crían.

Recordad siempre disfrutar de la naturaleza con el máximo respeto, sin dejar ningún rastro de nuestro paso. ¡Que la Ecomandanga os acompañe!