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¿Cómo afecta la actividad humana al movimiento de los mamíferos?

Hoy, nuestro colaborador José Manuel Pereñíguez nos presenta un estudio que muestra cómo la actividad humana afecta al movimiento de los mamíferos.

El trabajo, publicado en la revista Science, ha sido liderado por Marlee A. Tucker (Universidad de Frankfurt) y desarrollado por más de 60 científicos de centros de investigación de todo el planeta.

¿Por qué es importante tener en cuenta el movimiento de las especies?

Debido al frenético ritmo que caracteriza “la vida moderna”, el movimiento en otros seres vivos muchas veces nos pasa desapercibido. Sin embargo, es un factor determinante no solo para el éxito de individuos o especies, sino para el mantenimiento de los ecosistemas. Según la R.A.E., movimiento es el “estado de los cuerpos mientras cambian de lugar o posición”. Contrariamente a lo que tendemos a pensar, el movimiento no es un rasgo característico de los seres vivos pertenecientes al reino animal, sino que caracteriza a todas y cada una de las especies de nuestro planeta, de manera que podríamos usar la expresión “dime cómo te mueves, y te diré qué tipo de especie eres”.

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El ñu azul (Connochaetes taurinus) realiza una espectacular migración anual durante la estación seca entre el Serengueti y el Masai-Mara en busca de pasto y alimento. Autor: Shripal Daphtary on Unsplash.

Hay que tener presente que el concepto de movimiento es muy amplio, y no se limita al desplazamiento de un individuo por voluntad propia. Por ejemplo, tenemos el movimiento “pasivo” de los huevos y larvas de peces durante sus primeros días antes de poder nadar activamente contra las corrientes. De manera similar, las plantas también experimentan ciertos tipos de movimiento. Así, tenemos el de las semillas antes de llegar al sustrato y germinar, de manera que el éxito de numerosas plantas, en muchas ocasiones, está ligado no solo a sus aptitudes fisiológicas, como la tolerancia a temperaturas extremas o condiciones de aridez/inundación, sino también a la capacidad de sus semillas para ser transportadas, permitiendo a la especie colonizar nuevos ambientes y expandir su rango más allá del lugar en el que se encuentra presente.

Una gran capacidad de dispersión otorga a las especies una mayor probabilidad de supervivencia frente a cambios ambientales que puedan convertir en hostiles las condiciones de algunos de los lugares en los que actualmente se encuentran sus poblaciones. En definitiva, el movimiento es un concepto extremadamente amplio, pero que juega un papel muy importante en la distribución y abundancia de las especies, y que por tanto, debería ser prioritario en disciplinas como la ecología o la biología de la conservación.

Además de determinar en gran medida el éxito y la supervivencia de las especies, el movimiento también determina el éxito de los individuos o el correcto funcionamiento de los ecosistemas. Así, individuos que tengan mermada su capacidad de movimiento no podrán alimentarse o reproducirse correctamente. Del mismo modo, el buen funcionamiento de los ecosistemas depende, entre otras cosas, de la sincronización y armonía de movimientos entre cada una de las especies que los integran. Un claro ejemplo de esto último sería el de plantas y polinizadores, o entre  plantas y animales que actúan como dispersores de semillas (ver vídeo a continuación). La ausencia de polinizadores o la falta de sincronización temporal entre presencia de polinizadores y floración de plantas tendría graves efectos no solo sobre las plantas, sino sobre el conjunto de especies que habitan el ecosistema.

¿Cómo afecta la actividad humana al movimiento de las especies?

En una entrada anterior, ya vimos un ejemplo de cómo el ser humano había truncado la mayoría de migraciones animales por tierra. Piensa en cómo la masificación de personas, el tráfico o el tipo de conexión con el lugar al que te dirigías ha condicionado tu comportamiento. O piensa también qué efecto tiene en tus hábitos diarios la antropización del territorio (aumento de carreteras, coches, cultivos, tendidos eléctricos, vallados, etc.) ¿Muchos, verdad? Pues si nos afecta a nosotros, el efecto en los animales es incluso mayor, ya que la mayoría de estas infraestructuras no les suponen generalmente ningún beneficio y su supervivencia está más condicionada por el movimiento que la nuestra, al menos en los tiempos modernos (a no ser que vivas en la prehistoria o en un lugar remoto y mantengas hábitos nómadas).

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La antropización del territorio como la construcción de carreteras, presas o una transformación intensa del suelo afectan al movimiento y migración de numerosas especies. Autor: Nik MacMillan on Unsplash.

En este contexto, Tucker y colaboradores han publicado recientemente este trabajo en la revista Science donde abordan el efecto que tiene la actividad humana sobre los mamíferos. En él, seleccionaron individuos de numerosas especies de mamíferos por todo el planeta y estudiaron cómo varían las distancias que recorrían en función de la “huella humana” (un índice que mide la alteración de los ecosistemas naturales debido a la actividad humana), la disponibilidad de recursos de la zona en la que se encontraban, así como la masa corporal y el tipo de alimentación de la especie en cuestión. En relación a la masa corporal, los investigadores encontraron que las distancias medias recorridas por los mamíferos eran mayores para aquellas especies con índices de masa corporal mayores, es decir, de mayor tamaño. Algo que, como comentan, es esperable ya que habitualmente las especies más grandes son capaces de realizar viajes más largos.

Por otro lado, respecto al tipo de alimentación, también observaron que las especies carnívoras son las que recorren mayores distancias medias, al ser su objetivo la caza de presas móviles. En relación a la disponibilidad de recursos (medida como densidad de vegetación), los científicos también observaron que cuando éstos eran escasos, los individuos recorrían mayores distancias para alimentarse.

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Localización GPS de los puntos de muestreo donde se monitorearon 803 individuos de 57 especies de mamíferos (a), huella humana -Human Footprint Index- (a y b) de las distintas regiones del mundo y desplazamiento en kilómetros (km) de cada especie en sus migraciones (c). Fuente: Tucker et al., 2018; Science 359: 466-469. 

No obstante, el hallazgo más destacado de este trabajo es la relación entre la intensidad de la acción humana y las distancias recorridas por los mamíferos. Tucker y colaboradores encuentran que las distancias medias recorridas por los mamíferos se ven reducidas entre un 50% y un 66 % en zonas con alta actividad humana en comparación con zonas “no impactadas”. Los autores atribuyen esta reducción tanto a cambios individuales de comportamiento en determinados ejemplares como a la desaparición de especies que realizan grandes desplazamientos de las áreas con mayor impacto humano. Ambos fenómenos están relacionados, por un lado, con la creación de barreras que impiden los movimientos de los mamíferos y, por otro lado, con la menor necesidad de desplazarse para alimentarse debido al incremento de los recursos disponibles como consecuencia de una mayor actividad humana. No obstante, los investigadores apuntan que, en cualquiera de los casos, la reducción de la movilidad de las especies puede tener importantes consecuencias ecológicas dadas las numerosas funciones que cumplen los mamíferos y su desplazamiento en los ecosistemas (reciclaje de nutrientes, control de plagas, dispersión de semillas, servicios recreativos, etc.).

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Gráfico que muestra cómo el impacto humano (huella humana -Human Footprint Index-) limita la distancia recorrida en desplazamientos cortos (a) y grandes migraciones (b) para distintas especies de mamíferos. Fuente: Tucker et al., 2018; Science 359: 466-469.

Es por ello que los autores de este trabajo recomiendan encarecidamente tener en cuenta el movimiento de las especies en la planificación territorial, incorporando elementos que eviten o mitiguen el impacto humano en el desplazamiento natural de los seres vivos, usando pasos por debajo de carreteras, elevación o desvío de carreteras o adaptación de tendidos eléctricos para que las aves no queden electrocutadas, entre otras medidas, de manera que puedan seguir cumpliendo sus valiosas funciones ecológicas y podamos seguir disfrutando de los numerosos servicios ecosistémicos que nos aportan.

 

Artículo completo:

Tucker, M. A., Böhning-Gaese, K., Fagan, W. F., Fryxell, J. M., Van Moorter, B., Alberts, et al. (2018). Moving in the Anthropocene: Global reductions in terrestrial mammalian movements. Science, 359(6374), 466-469.

 

“Piénsalo, los humanos podemos ir al supermercado, al gimnasio y encontrar pareja por Tinder, los animales no” (Pereñíguez dixit, 2019)