Investiga, que no es poco

¿Responden igual los ecosistemas inalterados que los impactados ante el cambio climático?

Hoy, os traemos un trabajo liderado por nuestro ecomandanguero Dani Bruno (Instituto Pirenaico de Ecología-CSIC) publicado recientemente en la revista Global Change Biology. En este artículo, investigadores españoles y franceses del Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentarias (IRTA), Instituto nacional de investigación en ciencia y tecnología ambiental y agraria (IRSTEA) y la empresa eléctrica EDF, exploran el efecto conjunto del cambio climático y la regulación de caudales sobre las comunidades acuáticas de ríos de los Alpes.

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Dani Bruno, adalid de la Ecomandanga e investigador postdoctoral Juan de la Cierva en el Instituto Pirenaico de Ecología (IPE-CSIC).

El impacto del cambio climático en los ríos de alta montaña

Hablar de cambio climático es hablar de presente, pues este fenómeno ya se deja notar de una u otra forma, con mayor o menor intensidad, en todos los rincones del planeta. Sin embargo, es en la alta montaña y las zonas polares donde el cambio climático está manifestándose con mayor intensidad, con un calentamiento por encima de la media, viéndose los organismos que habitan estas áreas especialmente afectados – imaginemos cómo cambia una montaña de los Alpes y su biodiversidad si desapareciesen las nieves perpetuas y los glaciares –. Sin embargo, el cambio climático no es la única amenaza para los sistemas de alta montaña, ya que podemos encontrar centrales hidroeléctricas, estaciones de esquí y otras actividades humanas con potencial para causar grandes impactos en los ecosistemas alpinos. A pesar de la existencia de estos impactos desde hace décadas, sabemos muy poco sobre los efectos del cambio climático cuando éste actúa de forma conjunta con otras perturbaciones, ya que pueden tener un efecto sinérgico o multiplicador (mayor que el que ejercerían por separado), aditivo (igual) o antagónico (menor), en función de la naturaleza e intensidad de estos impactos. Por poner un ejemplo sencillo, sería algo parecido a evaluar el estado de una persona ya enferma que contrae una nueva patología que puede agravar todavía más su estado de salud.

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Aunque los ríos de alta montaña no han sufrido tanto impacto como otros ecosistemas acuáticos, existen presiones significativas como la regulación de caudales y la construcción de presas para la producción de energía hidroeléctrica. Autor: Benjamin Ten Broeke.

Esto es precisamente lo que han intentado averiguar este grupo de investigadores estudiando el efecto conjunto del cambio climático y la regulación de caudales – mediante presas y otras infraestructuras hidráulicas – sobre la biodiversidad de los ríos alpinos. Para ello, examinaron cómo han cambiado las condiciones ambientales y las comunidades de invertebrados acuáticos – principal grupo faunístico que habita estos ríos – desde los años 70 hasta la actualidad, tanto en ríos regulados como en otros sin alterar de los Alpes franceses. Los resultados de esta investigación muestran que los efectos del cambio climático son muy patentes en los Alpes, una cordillera que hoy es más calurosa y seca que en los años 70. Entre otros cambios, los investigadores han constatado que la temperatura media del aire ha ascendido casi 1ºC. Pero lo más preocupante es que la media de las máximas se ha incrementado nada menos que 3ºC en apenas tres décadas. Además, estos incrementos de temperatura han alterado la dinámica de los glaciares y las nieves perpetuas, lo que ha hecho que el caudal medio descienda un 14%, siendo esta reducción todavía más acusada en primavera y verano, cuando el descenso de caudal alcanza cifras superiores al 30%.

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Los efectos de la fusión de los glaciares y nieves perpetuas como consecuencia del cambio climático está provocando una disminución del caudal de los ríos alpinos que se percibe decenas de kilómetros aguas abajo. Autor: Dani Bruno.

Esta alteración climática e hidrológica ha traído consigo profundos cambios en las comunidades de invertebrados acuáticos que habitan estos ríos. En concreto, los investigadores han observado que las especies típicas de aguas frías están siendo sustituidas por organismos que prefieren o aguantan bien las aguas templadas, ya que algunos de estos organismos de sangre fría son muy sensibles a los incrementos de temperatura. Además, estas especies con mayor tolerancia a la temperatura también resultan ser especies oportunistas de amplia distribución, con estrategias para resistir las variaciones de caudal, de menor tamaño y mayor reproducción que las especies de aguas frías características de estos ríos de montaña – en algunos casos endemismos o especies con una distribución muy restringida y un alto interés de conservación –. De hecho, parece que las características de las especies que habitan estos ríos alpinos se están tornando cada vez más parecidas a las de los organismos de los ríos Mediterráneos en los que desembocan – los ríos estudiados nacen en los Alpes pero sus aguas acaban vertiendo al Mediterráneo –, lo que podría acabar afectando al funcionamiento de los ecosistemas fluviales como consecuencia de cambios en la producción primaria, secundaria, procesos biogeoquímicos y ciclos de nutrientes, entre otros.

Cuando el cambio climático se une a otras presiones humanas: la regulación del caudal

Los investigadores muestran, además, que el reemplazamiento de especies de aguas frías por otras más tolerantes al incremento de temperatura es más intenso en los ríos inalterados que en los regulados. Esto resultó en el mantenimiento de la diversidad de invertebrados en los ríos bien conservados (incluso aumentó en casos puntuales) pero no en los ríos regulados, donde se observó un descenso significativo. Este estudio muestra cómo el estado de conservación previo de un ecosistema puede determinar su capacidad de adaptación al cambio climático actual. En el caso concreto de los ríos, esto puede explicarse porque los ríos sin alterar cuentan con mayor diversidad de hábitats que los ríos regulados o impactados, que suelen ser mucho más homogéneos. Además, los ríos naturales presentan una mejor conectividad entre los distintos tramos del río en comparación con los regulados, mucho más fragmentados por la existencia de presas u otros elementos que pueden suponer una barrera para la dispersión de los organismos. Así, las condiciones ambientales de los ríos regulados solo parecen ser aptas para unas pocas especies con unas características muy concretas (lo que en la jerga popular se conoce como “ser carne de perro”) mientras que los ríos sin regular albergan una mayor cantidad de especies con diferentes estrategias de vida, hecho que les otorga una mayor capacidad de resistencia, recuperación y adaptación al cambio climático. Por último, los autores señalan la necesidad de aplicar medidas que mitiguen el impacto del cambio climático en los ríos regulados, como el establecimiento de caudales ecológicos o el diseño de proyectos de restauración que aumenten la conectividad y mejoren los hábitats fluviales, ya que son aspectos cruciales para conservar la biodiversidad acuática que habita en los mismos.

Artículo completo

Bruno, D., Belmar, O., Maire, A., Morel, A., Dumont, B., & Datry, T. (2019). Structural and functional responses of invertebrate communities to climate change and flow regulation in alpine catchments. Global change biology. https://doi.org/10.1111/gcb.14581

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