Investiga, que no es poco

El vuelo de los peces para colonizar lugares remotos

¿Cómo se las arreglan algunos peces de agua dulce para colonizar lagos sin aparente conexión con otros cuerpos de agua? ¿Acaso pueden volar? La hipótesis, aunque parezca sacada de una serie de ciencia ficción, no es descabellada, y demostrar su validez ha traído de cabeza a biólogos y ecólogos desde tiempo casi inmemorial. El trabajo que hoy os resumimos, en el que colaboran investigadores afincados en Brasil, España y la República Checa, demuestra por primera vez que determinados peces de agua dulce pueden colonizar hábitats aislados sirviéndose de un medio de transporte aéreo, gratuito y sostenible: las aves acuáticas. Este estudio, publicado recientemente en la revista Ecology, demuestra que los huevos de ciertas especies de peces, ingeridos por determinadas aves acuáticas al alimentarse, pueden ser viables tras pasar por el aparato digestivo de éstas y eclosionar posteriormente en los lagos que visitan.

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Peces del orden Cyprinodontiformes, conocidos comúnmente como peces Killi. Foto: NOAA, en wikimedia commons.

¿Cómo viajan los seres vivos?

La dispersión es un proceso que determina de manera fundamental la distribución de las especies y la estructura de sus poblaciones. En concreto, para las especies de agua dulce, dispersarse entre las diferentes cuencas hidrográficas supone un auténtico desafío. En este sentido, resulta especialmente curioso cómo algunas charcas y lagunas aisladas que se secan por completo en determinados periodos, a pesar de quedar totalmente incomunicadas con otros cuerpos de agua, mantienen poblaciones de peces que son capaces de recuperarse una y otra vez tras la llegada del agua en la época húmeda. ¿Cómo pueden ser este tipo de ambientes colonizados por peces de manera recurrente? Una de las hipótesis más plausibles, que ha sido demostrada como válida para otro tipo de organismos es que los huevos de los peces viajen, incrustados entre barro o restos de vegetación, pegados a las patas o las plumas de aves acuáticas. Sin embargo, tal hecho nunca había podido ser demostrado. Recientemente, un hallazgo casual, al analizar excrementos de aves acuáticas para investigar mecanismos de dispersión en otro tipo de organismos, aportó la pista definitiva: los investigadores encontraron en dichas heces un huevo de pez Killi que parecía ser viable. ¿Y si los huevos de los peces estuvieran viajando en el intestino de las aves?

El “vuelo” de los peces

Los peces Killi constituyen un grupo muy diverso que incluye varias especies del orden Cyprinodontiformes, entre las cuales se encuentran peces que viven de forma casi exclusiva en charcas y lagunas temporales. Los autores de este trabajo “se pusieron las botas” y se adentraron en cuerpos de agua de la región de Rio Grande do Sul (Brasil) para recoger huevos de dos especies de peces Killi (Austrolebias minuano y Cynopoecilus fulgens) que presentan ciclos anuales, es decir, completan su ciclo biológico de nacimiento, crecimiento, reproducción y muerte, en menos de un año. Para comprobar si las aves transportaban de forma efectiva los huevos de estos animales, los investigadores alimentaron a cisnes, aves potencialmente transportadoras, con una ración de comida que escondía huevos de peces Killi.

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Cisne coscoroba (Coscoroba coscoroba), ave acuática propia de los humedales de América del Sur. Autor: Arpingston, en wikimedia commons.

Así, miembros del equipo de trabajo se trasladaron al zoológico de Rio Grande do Sul para seleccionar un grupo de cisnes coscoroba (Coscoroba coscoroba), a los que alimentaron durante 4 horas con la mezcla anteriormente mencionada. Después, recogieron cada 6 horas las heces que estas aves generaron, hasta 48 horas después de retirarles el alimento, y las analizaron en busca de los huevos. Finalmente, recuperaron los huevos presentes en las heces y los pusieron en condiciones adecuadas para que pudieran continuar su desarrollo. De esta manera, los investigadores comprobaron que un 1% de los huevos engullidos por los cisnes llegaron a eclosionar tras pasar por su aparato digestivo. Sorprendentemente, algún huevo fue viable después de pasar incluso más de 30 horas en el aparato digestivo del ave. Según los datos manejados por los investigadores, dicho tiempo, traducido a la distancia que una de estas aves puede recorrer en un vuelo sin reposo en condiciones naturales, equivale a recorrer unos 2.000 kilómetros, distancia a la que podrían llegar huevos de pez Killi con capacidad para eclosionar. Así pues, ha quedado resuelto uno de los enigmas del mundo natural, ya que por fin se ha demostrando que el grosor de la membrana que protege al embrión (coriones) de estos peces no solo les permite entrar en fase de diapausa − adaptación fundamental  para sobrevivir a la desecación regular del hábitat en medios desfavorables – sino que también les sirve como protección durante su paso por el intestino de las aves,  haciendo posible esta forma tan única de dispersión.

Artículo completo:

Silva GG, Weber V, Green AJ, Hoffmann P, Silva VS, Volcan M, Lanés LEK, Stenert C, Reichard M & Maltchik L (2019) Killifish eggs disperse via gut passage through waterfowl. Ecology, e02774. doi: 10.1002/ecy.2774.

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