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El miedo al ser humano modifica los ecosistemas

Como superdepredador y organismo omnívoro, el ser humano ejerce una enorme influencia sobre gran parte de las redes tróficas del planeta, ya que en los últimos siglos hemos desplazado y sustituido a los grandes carnívoros que poblaban los ecosistemas terrestres y acuáticos de la Tierra. Esto ha traído consigo una serie de efectos en cascada sobre los ecosistemas, afectando tanto a plantas como a fauna de todo tipo. Pero, ¿se reduce nuestra influencia a un efecto meramente físico? o además de destruir su hábitat, darle caza o arrebatarle los recursos de los que depende, ¿también inspiramos miedo a la fauna? ¿cómo afecta el factor miedo a los patrones de comportamiento y distribución de los mamíferos?

Esto es lo que trata de responder el artículo liderado por investigadores norteamericanos que os traemos hoy, publicado recientemente en la revista Ecology Letters. Este grupo de científicos demuestra experimentalmente que el miedo a los humanos como “superdepredador” puede tener efectos a largo plazo sobre la fauna salvaje, limitando el movimiento y actividad de mamíferos carnívoros de tamaño grande o mediano, de lo cual se acaban beneficiando los mamíferos más pequeños. El miedo es una fuerza potente. Si el miedo condiciona incluso los hábitos de la especie humana, el resto de animales con los que compartimos el planeta no va a ser una excepción. ¡Que levante la mano quien de pequeño no haya modificado ciertos comportamientos después de ver  “Thriller” de Michael Jackson!

El miedo, un factor de peso en el uso del hábitat

Los investigadores diseñaron un experimento en las montañas de Santa Cruz (California) apoyándose en el uso de collares con localización GPS, cámaras de fototrampeo y altavoces con el objetivo de demostrar que el sonido de la voz humana genera un patrón de miedo que tiene un efecto duradero en la fauna silvestre (pumas, linces rojos, mofetas listadas, zarigüeyas americanas, ratones ciervo y ratas cambalacheras). En concreto, los investigadores constatan que los grandes carnívoros nos evitan y se mueven con más cautela cuando escuchan voces humanas, mientras que los carnívoros medianos se muestran esquivos y reducen sus salidas en busca de alimento. A estos últimos, les ponemos literalmente contra las cuerdas, ya que algunos se alimentan habitualmente de nuestros restos de comida y tienen que elegir entre el riesgo mortal que perciben ante nuestra presencia o las facilidades que les aportamos. Sin embargo, nuestro imperio del terror tiene también una cara más amable: los mamíferos pequeños, al oír voces humanas aumentan el uso del hábitat y las incursiones en búsqueda de alimento. Según los autores del estudio, esto nos acaba convirtiendo en una especie de “escudos humanos” para los pequeños mamíferos, ya que al igual que los ungulados, parecen sentirse más seguros con nuestra presencia al tener menor riesgo de ser la merienda de los grandes carnívoros.

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Puma o león de montaña (Puma concolor) uno de los grandes carnívoros estudiados. Foto: Karen Arnold

Los autores apuntan que algunos de los impactos que tradicionalmente se atribuyen a la transformación física de los ecosistemas como consecuencia de la actividad humana, podrían ser explicados por el miedo que generan los humanos, ya que este patrón es detectable incluso cuando no hay cambios en los usos del suelo, infraestructuras o fragmentación del hábitat. Esta respuesta de autoprotección de los carnívoros puede limitar sus movimientos, hábitos de caza y de alimentación, e incluso provocar que algunos individuos abandonen las áreas de más riesgo dentro de su área de distribución o que se hagan más nocturnos para evitar al ser humano. Si esto es así, ¿qué implicaciones prácticas podría tener? Por ejemplo, se puede producir un efecto cascada ya que estamos alterando el equilibrio depredador-presa y comprometer el efecto regulador (conocido en ecología como top-down control) que tienen los depredadores sobre el resto de la fauna, favoreciendo la explosión demográfica de ciertas especies que a la postre pueden suponer un problema para el ser humano y sus actividades, como plagas de conejo, topillos, ratas, etc. De confirmarse estos hallazgos en otras áreas y especies, ¿os imagináis las implicaciones derivadas de una actividad tan aparentemente inofensiva y beneficiosa para el medioambiente como el ecoturismo?

Articulo completo

Suraci, J. P., Clinchy, M., Zanette, L. Y., & Wilmers, C. C. (2019). Fear of humans as apex predators has landscape‐scale impacts from mountain lions to miceEcology Letters. https://doi.org/10.6084/m9.figshare.8315417