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Reducir el consumo de carne beneficia al medio ambiente y la salud

Tras el post de presentación de este número especial que ha preparado Pablo Rodríguez Lozano sobre el impacto de nuestra dieta en el medio ambiente, hoy os traemos una nueva entrada donde se resume un artículo revolucionario publicado en la revista Nature en 2014. Esta publicación marcó un antes y después en la literatura científica sobre dieta y medio ambiente. A través de un análisis cuantitativo global sobre la relaciones entre dieta, salud humana y sostenibilidad ambiental, los autores muestran los beneficios de adoptar dietas que reduzcan el consumo de carne de rumiantes.

Migas con verduras, una sabrosa manera de reducir el consumo de carne.

Dieta y emisión de gases de efecto invernadero

Este estudio comparó la cantidad de gases de efecto invernadero (GEI) emitidos en el proceso de producción de los alimentos necesarios para una dieta omnívora media con los emitidos durante el proceso de producción de los alimentos de tres dietas alternativas: la dieta mediterránea (que se caracteriza por incluir menos carne que la omnívora), una pescetariana (en la que se ingiere pescado, huevos y lácteos) y una dieta vegetariana (incluyendo huevos, lácteos, e incluso un plato de carne/pescado al mes). Los datos empleados para generar este estudio suponen un volumen ingente de información, ya que recopiló cálculos sobre los gases de efecto invernadero emitidos para la producción de 82 alimentos diferentes a partir de 120 publicaciones científicas. Además, se usaron 50 años de datos sobre las tendencias dietéticas en 100 de los países más poblados para pronosticar la dieta global media en 2050 suponiendo que dichas tendencias continuarán en las próximas décadas.

En el caso de que se mantengan las tendencias actuales de consumo creciente de carne y calorías vacías (azúcares, grasas refinadas y alcohol), las emisiones de GEI derivadas de la dieta omnívora media por persona serían un 32% mayor en 2050. Si a eso le sumamos que para 2050 se espera un incremento del 36% en la población mundial, la proyección es que la emisión de GEI derivados de la producción de alimentos se incrementará en un 80% para 2050 con respecto a 2009. Estos resultados muestran la insostenibilidad de nuestra alimentación y la necesidad de buscar alternativas que reviertan las tendencias actuales asociadas a las dietas.

De las dietas alternativas analizadas, la dieta vegetariana fue claramente la más sostenible: la producción de alimentos para seguir este tipo de dieta conlleva un 55% menos de emisiones de GEI que la dieta omnívora proyectada para 2050. Aunque en menor medida, la adopción de una dieta mediterránea o una pescetariana también supondría un paso hacia la sostenibilidad ambiental, ya que se reduciría la emisión de GEI en un 30% (mediterránea) o un 45% (pescetariana). Si hacemos el ejercicio teórico de imaginar una sociedad global vegetariana en 2050, el efecto positivo de seguir este tipo de dieta es tan alto que los GEI emitidos a la atmósfera por la producción de alimentos sería inferior que en 2009 (ver figura) a pesar del incremento de población mundial proyectado en ese horizonte temporal (+36%).

Antes de la publicación de este estudio, ya se reconocía en gran medida que la producción de alimentos de origen animal (tanto carne, como pescado, lácteos y huevos) emitía más GEI que la producción de alimentos no animales. Pero cabe resaltar que en este estudio, la mayor diferencia se encontró en las emisiones derivadas de la producción de carne de rumiantes (ternera y cordero) con respecto a la producción de legumbres. Por cada gramo de proteína, ¡la producción de carne de rumiante emite 250 veces más GEI que la producción de legumbres! Ante estos resultados, una de las principales claves para alcanzar una dieta más sostenible supone una reducción drástica en la ingesta de carne de rumiante.

Efecto de las dietas (dieta media global en 2050 según la tendencia actual, mediterránea, pescetariana y vegetariana) en la emisión de gases de efecto invernadero respecto a las emisiones debido a la dieta media global en 2009 (el valor 0 representa las emisiones debido a la producción de alimento global en 2009).

Dieta y salud

Hay una gran evidencia de que las sociedades con niveles de renta medio/alto están experimentando un incremento en la tasa de ocurrencia de algunas enfermedades como el cáncer, la diabetes tipo 2 y enfermedades coronarias, lo cual está relacionado con los cambios en la dieta. Por ello, de manera adicional, en este estudio se integraron las publicaciones científicas previas que analizan cómo el cambio a dietas más sostenibles podría beneficiar la salud humana. Los resultados de estos análisis muestran que, en comparación con la dieta omnívora global, las tres dietas alternativas (mediterránea, pescetariana y vegetariana) suponen una disminución del 16-41% del riesgo de sufrir diabetes tipo 2, del 20-26% de enfermedades coronarias y de un 7-13% de cáncer. Por lo tanto, este estudio nos muestra la existencia de dietas que, no solo son más sostenibles, sino que al mismo tiempo también son más saludables para el ser humano.

Finalmente, aunque el estudio se centra en los GEI, también muestra que la adopción de cualquiera de las tres dietas alternativas disminuiría la ocupación de tierras al reducirse la superficie terrestre necesaria para producir alimentos.

En la siguiente entrada, os hablaremos más sobre estos temas y de cómo, más allá de la modificación de la dieta, el cambio de otros aspectos relacionados con la alimentación y la producción de alimentos puede tener un impacto positivo en el medio ambiente.

 

Artículo completo

Tilman, D. y Clark, M. 2014. Global diets link environmental sustainability and human health. Nature, 515: 518–522.