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La contaminación del suelo afecta al aire que respiramos, al agua que bebemos y a los alimentos que consumimos

En la cuarta y última entrada del número especial sobre suelos, os traemos el resumen de un capítulo de libro donde sus autores nos explican las graves consecuencias que la contaminación de los suelos puede tener sobre el funcionamiento de los ecosistemas terrestres y, por consiguiente, en la salud y bienestar del ser humano.

Los autores de este trabajo son Rui Morgado, Susana Loureiro y nuestra colaboradora Nazaret González Alcaraz, investigadores del Departamento de Biología & CESAM de la Universidad de Aveiro (Portugal). El trabajo forma parte del libro Soil Pollution, publicado en 2018.

Rui Morgado, Susana Loureiro y Nazaret González Alcaraz (Universidad de Aveiro, Portugal)

¿Qué causa la contaminación de los suelos?

Como ya os contamos en la entrada de presentación de este número especial, alrededor del 33% de los suelos del planeta están afectados por algún tipo de degradación. Una de las amenazas que conlleva un mayor peligro, tanto para el medio ambiente como para el ser humano, es la contaminación del suelo que tiene lugar cuando se produce un aumento de sustancias o elementos de tipo sólido, líquido o gaseoso en zonas en las que no deberían de estar presentes de forma natural o, si lo están, deberían encontrarse en niveles más bajos. Aunque determinados eventos naturales, tales como las erupciones volcánicas o los incendios, pueden producir sustancias que en determinadas dosis son perjudiciales para muchas formas de vida, como cenizas o gases tóxicos, en la actualidad, la actividad del ser humano supone la principal causa de contaminación de los suelos. Entre las principales fuentes de contaminación están las prácticas agrícolas y forestales, la actividad industrial, la minería, la expansión urbana, el turismo o la actividad armamentística. Todas ellas conducen a un aumento importante de los niveles de sustancias potencialmente tóxicas para los organismos vivos, como son los metales, los fertilizantes, los plaguicidas, los productos derivados del petróleo, los plásticos, la denominada “basura electrónica” procedente de viejos aparatos inservibles, o los llamados contaminantes emergentes (por ejemplo, fármacos y nanopartículas).

En 2015, la industria química europea produjo 117 millones de toneladas de compuestos químicos potencialmente peligrosos para el medio ambiente

Aplicación de pesticidas en un campo agrícola. Imagen: econo-notas

La contaminación del suelo reduce los beneficios que éste nos aporta

Cuando los contaminantes que llegan al suelo afectan a los organismos que viven en él, alteran las funciones que tales organismos desarrollan, así como los bienes y servicios que nos aportan los ecosistemas terrestres -por ejemplo, el reciclado y almacenamiento de carbono o la fertilidad de los suelos-. No obstante, no todas las especies que habitan en el suelo pueden verse igualmente afectadas. La vulnerabilidad de las especies depende, en gran medida, de la tasa con la que éstas adquieran, almacenen, transformen y eliminen el contaminante en cuestión, pero también de las condiciones climáticas existentes y de determinadas características del suelo que conducen a que el contaminante esté más o menos disponible para ser captado por los organismos vivos. Otro factor clave es la manera en la que el contaminante entra en el suelo. Así, los organismos que presentan una superficie corporal rígida, como por ejemplo los escarabajos o las cochinillas, son más sensibles a contaminantes presentes en la comida que ingieren, mientras que los organismos de cuerpo blando, como por ejemplo las lombrices o los nematodos, son más susceptibles a sustancias disueltas en el agua presente en el suelo. A su vez, aquellos organismos que se alimentan de otros (depredadores), pueden llegar a acumular grandes cantidades de sustancias potencialmente tóxicas si sus presas se encuentran a su vez contaminadas. Todo esto puede conducir a que disminuya tanto la abundancia como la diversidad de especies del suelo presentes en una determinada zona, así como los procesos directa o indirectamente relacionados con ellas.

“En Europa existen alrededor de 2,5 millones de áreas potencialmente contaminadas”

La contaminación del suelo afecta a nuestra salud y a la del planeta

La contaminación de los suelos acarrea multitud de efectos negativos en muchos de los procesos que en ellos tienen lugar y que son vitales para asegurar la salud de los ecosistemas y, por tanto, el bienestar del ser humano. Los contaminantes presentes en el suelo pueden pasar a la atmósfera y las aguas, tanto superficiales como subterráneas, conduciendo a la contaminación del aire y de los recursos hídricos como el agua que bebemos. La contaminación del suelo puede reducir el crecimiento de las plantas que en él se desarrollan, disminuyendo tanto la cantidad como la calidad de los restos vegetales que llegan al suelo y, por tanto, la incorporación de materia orgánica y nutrientes al mismo. Además, si la presencia de contaminantes altera los procesos implicados en el secuestro de carbono en el suelo, éstos pueden afectar a la regulación natural del clima de la Tierra a través de la emisión de gases de efecto invernadero como el dióxido de carbono (CO2) o el óxido nitroso (N2O). Tal y como vimos en el segundo resumen de este número especial, los suelos con menor desarrollo de la vegetación suelen ser más propensos a los fenómenos de erosión, pero también a los efectos negativos de eventos climáticos extremos, como las riadas, debido a que la presencia de plantas ayuda a frenar la velocidad con la que circula el agua de escorrentía y por lo tanto su poder erosivo. Por otro lado, al disminuir el crecimiento de las plantas, la productividad de las cosechas puede verse comprometida, disminuyendo tanto la disponibilidad de alimentos como la calidad de los mismos. Si las plantas asimilan determinados contaminantes, principalmente a través de sus raíces y hojas, estas sustancias pueden transferirse en la cadena trófica al ser consumidas esas plantas por otros seres vivos, lo que puede llegar a ocasionar enfermedades o la muerte de animales, entre ellos seres humanos. Algunas de las sustancias empleadas en agricultura, como los pesticidas, no sólo matan a las especies o plagas objetivo, sino que también pueden conducir al declive o incluso la muerte de otras especies que viven en el suelo. Esto puede provocar una disminución de la biodiversidad de manera directa, debido a la desaparición de determinadas especies, y de manera indirecta si tales especies constituyen el alimento de otros organismos presentes en el suelo. A su vez, la desaparición de algunas especies puede afectar al control de plagas que de forma natural se da en los ecosistemas.

Pastoreo de ganado bovino en suelos con presencia de basura (Senegal). Fuente: FAO

Conservar el suelo para preservar la belleza del paisaje y sus tesoros ocultos

Desde el punto de vista económico, la contaminación del suelo no solo acarrea pérdidas en los cultivos, sino que además puede tener importantes consecuencias en la industria farmacéutica y biotecnológica, ya que éstas dependen, en gran medida, de los microorganismos presentes en el suelo para la producción de antibióticos, entre otras muchas sustancias. Desde el punto de vista cultural, e incluso del ocio, no resulta agradable llevar a cabo actividades al aire libre en zonas contaminadas -como se dice en Murcia, esto está hecho un solar- ya que además del deterioro del paisaje, a menudo, se reduce la floración de las plantas, abundan las plantas ruderales y adventicias (comúnmente encasilladas bajo el término “malas hierbas”), la vida salvaje se ve mermada y, además, aparecen malos olores y otras molestias que conducen a una pérdida del valor cultural y económico de algunas zonas.

En el siguiente vídeo Eduardo Mansur, Director de la División de Tierra y Agua de la FAO, nos habla de la necesidad de prestar más atención al suelo y hacer un esfuerzo a nivel social para combatir la contaminación de los suelos. ¡A ver si entre todos ponemos nuestro granito de arena y lo conseguimos! ¡Vivan los suelos sanos!

Para acabar con este número especial, nos gustaría remarcar, a modo de mensaje final, que para que crezcan personas sanas hay que tener suelos sanos, como bien se encargó de mostrar, literalmente, José Luis Cuerda en su genial obra “Amanece, que no es poco”. Esperemos que hayáis disfrutado tanto como nosotros.

Referencia completa:

Morgado, R., Loureiro, S., González-Alcaraz, M.N. (2018). Changes in ecosystem structure and soil functions due to soil contamination. In: Duarte, A., Cachada, A., Rocha-Santos, T. (Eds.), Soil Pollution: From Monitoring to Remediation, 1st edition (ISBN 9780128498736). Academic Press, Elsevier. pp. 59-87. doi: 10.1016/B978-0-12-849873-6.00003-0.