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Biodiversidad y agricultura: cómo producir más alimentos con menos impacto

Hoy, Tano Gutiérrez nos presenta un número especial donde hablaremos de la importancia de la biodiversidad para producir alimentos con un menor impacto. ¡¡Puro enaltecimento de la Ecomandanga!!

Tano Gutiérrez (Universitat de Barcelona), disfrutando de los frutos de la tierra

Hace unos 12.000 años, el ser humano comenzó a domesticar la naturaleza, quizás la mayor revolución en toda nuestra historia. En distintos puntos del planeta, aprendimos a seleccionar, mejorar y cultivar ciertos vegetales que, o bien eran comestibles, o bien producían materiales de interés, sentando las bases de lo que hoy conocemos como agricultura. A partir de ahí, el destino de las distintas civilizaciones ha estado fuertemente ligado a sus técnicas agrícolas, que han ido adaptándose y cambiando para producir más alimento y asegurar la viabilidad de las cosechas, y por tanto, nuestra supervivencia. Esto ha hecho que los seres humanos seamos capaces de colonizar una gran parte del planeta, sustituyendo los ecosistemas naturales por otros donde favorecemos tan sólo a una o varias especies vegetales de interés.

Estos nuevos ecosistemas domesticados se conocen como agrosistemas, y según datos del Banco Mundial ocupan cerca del 40% de las tierras libre de hielo, por lo que se trata de uno de los sistemas de mayor importancia y más frecuentes del planeta. En España por ejemplo, más de la mitad de nuestro territorio (52,5%, Banco Mundial) se dedica a algún uso agrícola actual o potencial. De forma casi paralela al incremento de la producción agrícola, la población humana sobre la Tierra ha crecido exponencialmente a lo largo de estos 12.000 años, superando en la actualidad los 7.000 millones de habitantes. Durante el siglo XX, el acceso a una fuente de energía potente y barata como el petróleo posibilitó la introducción de tecnología como tractores y cosechadoras, así como la aplicación de pesticidas y fertilizantes, lo que se tradujo en un gran aumento de la productividad agrícola. A este conjunto de cambios se le conoce como la revolución verde. Pero en un planeta finito nada puede crecer de forma indefinida sin que se genere un conflicto. Así, la agricultura es una actividad que devora recursos y provoca enormes daños ambientales, incluyendo el cambio climático y la pérdida de biodiversidad. Además, la ONU, a través de la FAO, estima que la población humana superará los 9.000 millones de personas en 2050, lo que requerirá un aumento en la producción agrícola del 70% respecto a los niveles de 2005. Así pues, estamos ante uno de los grandes retos que debe afrontar nuestra civilización: alimentar a 9.000 millones de personas al mismo tiempo que reducimos el impacto de la agricultura y la adaptamos al cambio climático. No es ésta una tarea fácil, ya que la gran productividad del modelo actual conlleva una serie de impactos sobre la biodiversidad y  el clima. Se antoja, por tanto, imprescindible afrontar un cambio de modelo de manera urgente.

Los agrosistemas ocupan cerca del 40% de las tierras emergidas libres de hielo

Los invernaderos que forman el “mar de plástico” de Almería. Foto: Edward Burtynsky para National Geographic (2013)

Por un lado, la agricultura es la actividad humana con mayor impacto sobre el planeta. Un aumento en la superficie cultivada o en la intensificación por hectárea se traducirá muy probablemente en un deterioro de los ecosistemas, una mayor pérdida de biodiversidad, más consumo de agua, petróleo y otros recursos finitos (ver casos 1 y 2). Por ejemplo, la agricultura devora la mayor parte del agua dulce que usamos. Además, las actividades agrícolas emiten una gran cantidad de gases de efecto invernadero debido a la eliminación de la vegetación natural, la labranza y la aplicación de fertilizantes. Por otra parte, el aumento de las temperaturas, la disminución de las precipitaciones y el aumento en frecuencia e intensidad de eventos climáticos extremos como las sequías, inundaciones, incendios y tempestades asociadas al cambio climático harán que amplias zonas del planeta se vuelvan menos aptas para los tipos de cultivo que actualmente sustentan.

La agricultura causa un gran impacto en la biodiversidad, en el clima y en el consumo de recursos

Por estas razones, el reto de alimentar un planeta sin destruirlo requerirá un nuevo enfoque, muy probablemente distinto al modelo actual, que está basado en cultivos poco diversos y en el uso intensivo de tecnología y recursos, lo que genera numerosos e importantes problemas ambientales.

La intensificación ecológica: aprendiendo de la naturaleza para producir alimentos

Los seres vivos ofrecen una serie de beneficios que hacen posible tanto la agricultura como el mantenimiento de la propia vida en el planeta. Por ejemplo, un beneficio muy claro es la producción de oxígeno por parte de algas y plantas. Pero hay muchos más. Cualquier sistema en el que haya vida se beneficia del incansable trabajo de organismos que hacen posible, entre otras muchas cosas, la polinización, el control de plagas, la retención y reciclado de nutrientes en el suelo, o un uso efectivo de los recursos. Hoy en día sabemos que para conservar estos beneficios que nos proporcionan los ecosistemas (llamados servicios ecosistémicos) necesitamos mantener la diversidad y la abundancia de formas de vida que viven en ellos, al igual que sabemos que cuando perdemos biodiversidad automáticamente reducimos estos beneficios. El problema actual es que no sabemos cómo compatibilizar una gran producción agrícola con la conservación de la biodiversidad y con todos los beneficios que ésta nos aporta. Así, un agrosistema donde solo tengamos una especie, trigo por ejemplo, proporcionará pocos beneficios en términos de polinización, control de plagas o reciclado de nutrientes si lo comparamos con un matorral mediterráneo, gracias a su diversidad y abundancia de organismos. Así, por una parte, en el campo de trigo tendremos que compensar la falta de servicios ecosistémicos añadiendo fertilizantes, plaguicidas y energía para mantener la producción agrícola al mismo tiempo que provocaríamos todavía más daños ambientales. Por otra parte, el problema del ecosistema natural es que nos ofrece poco alimento.

Lucas Garibaldi nos habla de la intensificación ecológica

La intensificación ecológica propone aumentar la biodiversidad de los agrosistemas para mejorar la producción de alimento y reducir su impacto

Una nueva línea de investigación se ha inspirado en la naturaleza para revolucionar la agricultura e intentar afrontar el reto de producir más con menos impacto. Algunos científicos han propuesto y comprobado que aumentar la biodiversidad de los paisajes agrícolas, bien de las plantas cultivadas, bien de los organismos del suelo, puede suponer una solución eficaz para alimentar al planeta y conservar su biodiversidad. En los próximos días, a través de seis entradas que conformarán este número especial sobre agricultura y biodiversidad os enseñaremos los últimos avances en esta disciplina, que se conoce como intensificación ecológica. En la primera, veremos con más detalle las bases científicas de la intensificación ecológica a través de un interesante artículo y del proyecto Digging Deeper. En la segunda entrega, hablaremos de policultivos, es decir, de cómo las plantas cultivadas colaboran para mejorar la cosecha. En el tercer capítulo, veremos la importancia de los organismos del suelo para mejorar la productividad agrícola y reducir los impactos de la producción de alimentos. En la cuarta entrega, os ofreceremos una visión histórica de cómo las plantas han cambiado durante la domesticación y cómo podríamos mejorar los servicios que nos ofrecen a través de variedades antiguas. Posteriormente, en la quinta, veremos cómo la conservación de los polinizadores puede contribuir a aumentar la producción agrícola a nivel global. Finalmente, en la sexta entrega, concluiremos este número especial revisando la gran variedad de polinizadores que existen, las amenazas que sufren y  el gran valor que tienen tanto para el funcionamiento y conservación de los ecosistemas naturales como para la producción de alimentos.