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Mar Menor, cuando los servicios ecosistémicos entran en conflicto

Hoy, nuestro colaborador José Antonio Carbonell nos trae la primera entrada del número especial sobre servicios ecosistémicos, a través de la cual conoceremos cómo la gestión del Mar Menor (Región de Murcia) y su entorno agrícola y urbano ha ido modificando la capacidad de la laguna para proporcionar distintos servicios ecosistémicos.

¿Por qué es importante hacer una buena gestión de los ecosistemas?

Durante las próximas líneas, vamos a repasar de manera sencilla y resumida cómo influye la gestión de los ecosistemas en los servicios que éstos prestan. Para ello, utilizaremos un caso emblemático, el del Mar Menor. Esta laguna costera, situada en la Región de Murcia, proporciona bienes y servicios ecosistémicos cruciales para la sociedad, y la gestión deficiente de los mismos ha derivado en un colapso ambiental que está poniendo en peligro la economía de algunas zonas de la Región de Murcia.

Esta entrada pretende, mediante una combinación de información histórica, sociológica, económica y ecológica, ayudarnos a comprender de manera tangible qué son los servicios ecosistémicos, cómo pueden evolucionar en función de su gestión y cómo la sociedad y su economía pueden verse afectadas por la pérdida de estos servicios.

Vista aérea del Mar Menor

Vista aérea del Mar Menor. Foto: Ayuntamiento de Cartagena.

El Mar Menor: una enorme fuente de riqueza

El Mar Menor es un espacio con enormes e insustituibles valores medioambientales que lo hacen contar con numerosas figuras de protección, estando incluido, además, en la lista Ramsar que cataloga los humedales más notables a nivel mundial. Así, este espacio no solo es la albufera o laguna costera de agua salada más grande de España, sino que constituye, además, un elemento clave del paisaje, la cultura y la economía de la Región de Murcia, especialmente para las comarcas costeras.

Actualmente, muchas familias viven de la agricultura en el Campo de Cartagena, cuenca vertiente del Mar Menor, y también de la pesca y del turismo asociados a la laguna. Sin embargo, la gallina de los huevos de oro ha enfermado. Nuestra falta de comprensión de los sistemas ecológicos que mantenían la buena salud de la laguna, unido al escaso interés político por las publicaciones científicas que alertaban del posible colapso del Mar Menor, han provocado el deterioro de sus valores naturales

Historia de un colapso anunciado

Hasta los años 60 del siglo XX, el Campo de Cartagena y la costa oeste (desde Los Nietos hasta Lo Pagán) del Mar Menor estaban pobladas por pequeñas localidades de pescadores y agricultores que vivían de la pesca artesanal y de la agricultura de secano. Además, de manera natural la laguna estaba separada del Mar Mediterráneo por una barra de arena formada por dunas y matorral bajo conocida como “La Manga del Mar Menor”. Avanzados los años 70, el Mar Menor tenía una gran salinidad y una concentración de nutrientes muy reducida, lo cual resultaba en una biodiversidad muy característica que estaba adaptada a esas condiciones ambientales. Como ejemplo, sus fondos estaban dominados por algunas especies de fanerógamas marinas como la Cymodocea nodosa y especies de Zoostera que hoy cuentan con distribuciones muy reducidas.

Evolucion histórica de las praderas del Mar Menor. Reconstrucción hecha por Lloret et al. usando como base mapas de Lozano (1954) y Pérez-Ruzafa et al., (2009).

Sin embargo, a partir de los años 70, el aumento de los cultivos de regadío intensivo y el urbanismo ligado al turismo en el Campo de Cartagena, comenzaron a cambiar drásticamente el paisaje y a generar grandes presiones sobre la laguna. La cada vez mayor superficie dedicada a la agricultura de regadío y la intensificación de la misma, incrementó la cantidad de nutrientes que entraban a la laguna, tanto a través de la escorrentía superficial como subterránea (descripción detallada). Por otra parte, la apertura de canales de comunicación con el Mar Mediterráneo, como el “Canal del Estacio”, hizo que el Mar Menor perdiera salinidad y con ella parte de las comunidades biológicas más singulares. Finalmente, el urbanismo fue especialmente acusado en La Manga, que pasó de tener cerca de una quincena de viviendas construidas en 1970 a casi 5.000 a principios de los 80, encontrándose hoy casi completamente urbanizada.

Como resultado de toda esta transformación antrópica, y tras las advertencias de los científicos (por ejemplo, 1 y 2), en 2016 tuvo lugar un conocido episodio de eutrofización, durante el cual el Mar Menor sufrió una explosión de algas microscópicas que lo convirtieron en una “sopa verde”. Este evento fue el resultado de haber sobrepasado la capacidad del sistema para asimilar el incremento de nitrógeno – principal nutriente que entra en la laguna- causado por la intensificación agrícola alrededor de este espacio protegido. Esta explosión de microalgas impedía el paso de la luz a través de la columna de agua y terminó por asfixiar la laguna, provocando la pérdida de un 85% de la superficie ocupada por praderas submarinas, según un estudio del Instituto Español de Oceanografía y ANSE. Actualmente, parece que la laguna ha iniciado un lento proceso de recuperación, llegando a alcanzar cerca del 47% de superficie ocupada por la vegetación submarina, pero su evolución es incierta.

Cartografía de las praderas submarinas del Mar Menor en 2014, 2016 y 2017. (Fuente: IEO y ANSE).

¿Qué podemos aprender del colapso del Mar Menor?

En el marco de este sistema emblemático, podemos analizar los servicios ecosistémicos que genera la laguna y su evolución en el tiempo. A mediados del siglo XX, la laguna proporcionaba varios servicios ecosistémicos de manera relativamente equilibrada. En concreto, servicios de aprovisionamiento de alimentos (agricultura, pesca y obtención de sal), servicios de regulación (asociados a los ciclos biogeoquímicos) y servicios recreativos relacionados con la actividad turística. En esta primera etapa, los servicios culturales tenían una valoración algo menor en comparación con el resto, ya que era una época en la que gran parte de la población desconocía el enorme valor de su biodiversidad, por lo que principalmente se valoraba desde un punto de vista meramente productivo.

La Manga del Mar Menor en los años 60.

En los años 70, el litoral del Mar Menor, y en especial La Manga, empezó a ser reconocido como un recurso económico ligado al turismo de masas, al tiempo que aumentaba la superficie de cultivos de regadío intensivo en el Campo de Cartagena ante la inminente llegada del trasvase Tajo-Segura, que aumentó sustancialmente la disponibilidad de agua dulce para riego. En esta etapa, que llega hasta la actualidad, la gestión ha ido orientada a maximizar los servicios de aprovisionamiento, la agricultura intensiva, de mayor valor añadido, y los servicios recreativos, es decir, aumentar el turismo basado en la recreación y las experiencias estéticas. Paradójicamente, y de forma casi paralela, aumentó la sensibilidad ambiental y la percepción de que el sistema se estaba viendo amenazado y requería de medidas de protección.

Dentro de esta secuencia de etapas ambientales y las consiguientes actividades de gestión, cabe destacar que desde principios desde 1995 hasta 2014-15, se desencadenó una “plaga” de medusas (Cotylorhiza tuberculata y Rhyzostoma pulmo, principalmente) como consecuencia indirecta del aumento de nutrientes en la laguna, que acabó perjudicando la calidad del baño y obligó a la Administración a gastar ingentes cantidades de dinero público para mitigar su presencia en playas usando redes y barcos de captura.

Plaga de medusas en Los Urrutias en una imagen de archivo. /Alfonso Leandro

Plaga de medusas en el Mar Menor. Foto: Alfonso Leandro (La Verdad).

Finalmente, llegamos  a la actualidad: ¿qué ocurre con el episodio de eutrofización de 2016? Este fenómeno llevó aparejado un cambio substancial en la provisión de servicios ecosistémicos del Mar Menor, con consecuencias socioeconómicas potencialmente graves. En primer lugar, el colapso de las praderas submarinas mermó la capacidad de la laguna para realizar funciones básicas como la producción de oxígeno, el reciclado de nutrientes y el sustento para las especies animales. El turismo, principal actividad económica en la laguna, se ha visto amenazado por las malas condiciones del agua (reducción de servicios culturales), lo que se ha concretado en la retirada de banderas azules (ver noticia 1 y 2). Las cofradías de pescadores (servicio de aprovisionamiento) se han mostrado muy preocupados por la reducción de las praderas submarinas, ya que pueden afectar negativamente a la captura de algunas especies de interés pesquero, como podría estar ocurriendo con la anguila. También otras especies tan emblemáticas como el caballito de Mar se han visto bastante afectadas (aunque éste ha mostrado una recuperación reciente).

Anguilla anguilla.jpg

La anguila europea (Anguilla anguilla) es una especie cuyas poblaciones se han reducido en el Mar Menor. Foto: GerardM. CC BY-SA 3.0

Como hemos visto, los servicios que puede suministrar un ecosistema dependen de su salud, pudiendo verse seriamente afectados ante las presiones humanas. En el caso del Mar Menor, la maximización de dos servicios ecosistémicos, como los de aprovisionamiento (agricultura) y el recreativo (turismo), generaron un desequilibrio en el sistema que afectó a otros servicios como los de regulación (autodepuración), lo que a largo plazo conlleva efectos no deseados e incluso puede llegar a “matar a la gallina de los huevos de oro”. Para mejorar la gestión del medio natural y preservar los servicios que nos ofrece, necesitamos comprender su funcionamiento, así como los costes ambientales y económicos que conlleva maximizar algunos servicios ecosistémicos en detrimento de otros, reduciendo el beneficio global que genera la gestión equilibrada del ecosistema.

Artículos de referencia:

Lloret, J., Marín, A. (2009). The role of benthic macrophytes and their associated macroinvertebrate community in coastal lagoon resistance to eutrophication. Marine Pollution Bulletin 58, 1827-1834.

Lloret, J., Marín, A. (2011). The contribution of benthic macrofauna to the nutrient filter in coastal lagoons. Marine Pollution Bulletin 62, 2732-2740.

Lloret, J., Marín, A., Marín-Guirao, L. (2008). Is coastal lagoon eutrophication likely to be aggravated by global climate change? Estuarine Coastal and Shelf Science 78, 403-412.

Análisis de soluciones para el objetivo del vertido cero al Mar Menor proveniente del Campo de Cartagena. Resumen ejecutivo, informe completo.

Pérez-Ruzafa, A., Gilabert, J., Gutiérrez, J.M., Fernández, A.I., Marcos, C., Sabah, S. (2002). Evidence of a planktonic food web response to changes in nutrient input dynamics in the Mar Menor coastal lagoon, Spain. Hydrobiologia, 475/476, 359-369.

Pérez-Ruzafa, A., Fernández, A.I., Marcos, C., Gilabert, J., Quispe, J.I., García-Charton, J.A. (2005). Spatial and temporal variations of hydrological conditions, nutrients and chlorophyllain a Mediterranean coastal lagoon (Mar Menor, Spain). Hydrobiologia 550, 11-27.

Velasco, J., Lloret, J., Millán, A., Marín, A., Barahona, J., Abellán, P., Sánchez-Fernández, D. (2006). Nutrient and particulate inputs into the Mar Menor lagoon  (SE Spain) from an intensive agricultural watershed. Water Air and Soil Pollution 176, 37-56.